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Lluvia humillante... y sin paraguas

Actualizado el 26 de julio de 2015 a las 12:00 am

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Lluvia humillante... y sin paraguas

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Los trajes caros, la pompa y el toque suizo en todas las cosas no logran mejorar la imagen de la FIFA. Ni siquiera maquillarla. Su prestigio está hoy virtualmente destruido. La puritana y conservadora FIFA, que durante décadas empuñó la bandera del Fair Play, está completamente manchada. FIFA contrató en las últimas semanas a la firma neoyorquina Teneo, experta en imagen, comunicaciones y en reparar daños a la reputación. Su presidente es Doug Band, exasesor de Bill Clinton. Si logró mantener el prestigio de Clinton después del episodio Monica Lewinsky, Doug debe ser un auténtico as. Pero con FIFA le va a costar…

El impacto causado por el humorista británico Simon Brodkin arrojándole una lluvia de dólares (falsos) a la cara de Joseph Blatter en plena conferencia de prensa es devastador no solo para el presidente del fútbol, sino para la FIFA misma. El video y la foto que hicieron furor son el símbolo del desprecio mundial hacia los dirigentes deshonestos que se han robado dineros de los clubes y de las asociaciones. Dineros que el aficionado aporta cándidamente.

Blatter, consternado, pedía “security, security…”, y mientras dos forzudos se llevaban a Brodkin de las axilas, este, muy gracioso por cierto, le gritaba “Grande Sepp. Gracias. Está todo ahí, como hablamos. Me complace hacer negocios contigo…”

Antes de arrojarle el fajo, el intruso mostró los billetes lanzando su primera ironía: “Esto es por Corea del Norte 2026”.

El bochorno sufrido por Blatter debería ser un escarmiento para él y tantos más. Cualquier día puede darse una situación tensa o violenta con uno de nuestros dirigentes en un aeropuerto, en un estadio, en la calle. En enero, Blatter cumplió 40 años en la FIFA, pero ha debido ser el clamor mundial el que le arrancara la promesa de apartarse. Por él se quedaría diez más. “De la AFA me van a sacar con los pies para adelante”, bramó con su cara sombría Julio Grondona, el capo que se apropió del fútbol argentino durante 35 años. Blatter soñaba imitarlo; no podrá. Se irá con “apenas” 80.

La parodia de Brodkin fue al mismo tiempo hilarante y desagradable. El maravilloso juego del fútbol no lo merece. Blatter habrá sido más prolijo y menos codicioso que muchos de sus colegas, pero ha pecado de malas juntas. Y no supo imponer filtros. Los que ahora quiere implementar y dejar como legado. FIFA tiene un sistema de gobierno parlamentario –su comité ejecutivo– integrado por representación territorial. Los continentes eligen a sus delegados y los mandan a Zúrich. FIFA no los selecciona ni los investiga. “No puedo ser responsable por los miembros que no elegí”, se defiende el suizo. Debe haber un filtro de probidad que determine si un dirigente es moralmente apto para integrar la FIFA; que certifique credenciales intachables y que se actualice cada año con declaraciones de bienes.

FIFA debería retirar también su Programa de Asistencia Financiera a las confederaciones incursas en casos de corrupción como Conmebol y Concacaf. No puede premiarlas dándoles $5,5 millones anuales a entidades que avergüenzan a nuestro deporte.

Coca Cola, Visa y McDonalds, tres de los principales socios comerciales de FIFA, emitieron duros comunicados. La compañía de refrescos mandó un ultimátum a Zúrich pidiendo una comisión independiente del fútbol para realizar las reformas necesarias de la entidad, so pena de retirarle su patrocinio de 30 millones de libras esterlinas anuales.

“Esa comisión será la manera más creíble de la FIFA para abordar su proceso de reforma”. A su vez, McDonald’s señaló: “Las acusaciones de corrupción han empañado gravemente a FIFA de una manera que golpea en el corazón mismo de nuestro patrocinio… La FIFA debe poner en práctica cambios significativos para restaurar la credibilidad con los aficionados y patrocinadores por igual. El mundo espera acciones concretas y también McDonalds”. La Federación Holandesa de Fútbol propuso a Koffi Annan, exsecretario general de la ONU, como un líder indubitable e independiente capaz de llevar adelante reformas creíbles.

Mientras, en Suramérica todo es folclore y oscurantismo. “La Conmebol se halla en un momento histórico”, definió su titular Juan Ángel Napout, siempre con su sonrisa de par en par. Sin embargo, le pasan cosas muy desagradables. El presidente honorario (Nicolás Leoz) está con arresto domiciliario, el expresidente (Eugenio Figueredo), el vicepresidente primero (Rafael Esquivel),  el miembro del comité ejecutivo (José María Marín) y  el tesorero (Carlos Chávez), presos. Tiene millones de dólares bloqueados por la justicia norteamericana que, se presume, nunca más cobrará; perdió al patrocinador de la Copa Sudamericana (Total) y hasta es posible que, por primera vez en la historia, la Copa Libertadores se la lleve un club mexicano (Tigres). Varios de sus dirigentes no viajaron a Rusia por temor a otra redada. Más que histórico, parece un momento atroz.

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