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Keylor Navas, ejemplar y bendecido

Actualizado el 03 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

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Keylor Navas, ejemplar y bendecido

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Keylor es de otro planeta. Lejos del arco es tan grande como cuando está bajo los palos parando todo.

A la prensa oficialista del Real Madrid no le quedó otra que rendirse ante el manejo sobrio y profesional del tico, pese a su esfuerzo fallido para montar a De Gea en el bus merengue.

Y las circunstancias tampoco le dejaron otra opción al jefe blanco, Florentino Pérez, que llamarlo, pedirle perdón y ajustarle el salario para reparar el agravio.

Lo provocaron, lo manosearon, le lanzaron dardos a su moral futbolística con un bombardeo que habría indispuesto a cualquiera, pero Navas no se inmutó.

Lo admirable es la postura de Keylor: fría, profesional, íntegra. Nunca una mala cara, un juego de palabras o una frase de doble sentido en medio de aquella vorágine informativa que se desató entre el sábado y el lunes.

Se jugó un partidazo ante el Betis, se echó la grada al bolsillo y, cuando todo se aclaró, se quedó en el club entrenando.

Su espiritualidad fue decisiva. Esa fe inquebrantable en Dios y su convicción en el plan maestro lo condujeron por el camino correcto. Vistas así las cosas, a uno le parece que la Divina Providencia devolvió al guardameta al lugar que se merece.

Navas es devoto de un sueño infantil: defender el arco del Real Madrid. Y se ha consagrado a él con lo mejor que tiene: calidad y fe, y se requiere mucho de ambas cualidades para pararse debajo de esos tres tubos porque, como ocurrió esta vez, la titularidad no pasa por cuestiones futbolísticas.

La otra gran lección que nos deja esta historia es que debemos familiarizarnos con las “reglas” del Primer Mundo del fútbol, en donde los seres humanos se vuelven mercancías, monedas de uso corriente para formalizar transacciones, traspasos o incorporaciones.

Es doloroso, inhumano, cruel o como usted desee llamarlo. Es tan frío y materialista que no importan los sueños de un ser noble como Keylor Navas. Sencillamente él se iba y llegaba David de Gea. Lo demás no contaba.

Hoy los analistas se preguntan si salió damnificado o ganador. ¿Cómo se sentiría usted si su jefe le busca otra empresa para que continúe su carrera y trae a otro con más imagen para que haga su trabajo, pero el trato se cae y le toca quedarse? Por eso pienso que no ganó e irá a examen en cada partido.

Pero me tranquilizan la estatura profesional de Navas y su espiritualidad. Soy creyente y lo tengo claro: allá en donde se deciden las cosas realmente importantes, él tiene la bendición.

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