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Jeaustin, odiado y necesario

Actualizado el 20 de febrero de 2015 a las 12:00 am

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Jeaustin, odiado y necesario

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Con la complicidad de los medios, Jeaustin Campos sumó a sus calidades de estratega campeón un don especial para alterar la paz en la semana previa a cada clásico.

Apenas asoma la nariz el partido que divide el corazón del país futbolero, el timonel detona uno de sus proyectiles. El resultado es una  nube de periodistas que acude a consultarlo para alzarse con la frase más incendiaria. El verbo transgresor de Jeaustin es el clímax de un fútbol que transcurre entre trivialidades, lo que eleva su valor entre los  comunicadores y de paso atiza polémicas en la línea caliente de las redes sociales.

Jeaustin  no estremece por sí solo. Lo hace porque en el bando alajuelense le contestan todos: el técnico, el presidente, los futbolistas y los aficionados. Y así se activa una larga cadena que pone al entrenador saprissista en donde quiere estar: el corazón de la discusión nacional.

Con la Concachampions a la vuelta de la esquina, esta vez la frase  viperina  encontró suelo fértil: bajarle el perfil al clásico para preparar el partido ante el América y, de paso, enlodar el presente alajuelense, esa alegría por un fútbol de más toque y gol.

No es cierto, como pregona Jeaustin, que Saprissa siempre ha levantado la bandera del buen juego, pese al ADN impuesto por  los padres fundadores a legiones de grandes futbolistas a partir del salto a Primera División en 1949.

El campeón del 77 al mando del checo José  Karel  jugaba horrible mientras que los bimonarcas de Carlos  Linares en las campañas del 94-95 abusaban del pelotazo y las cabezas de Coronado y Javier Wanchope, pese al buen hacer del “Flaco” Myers en el mediocampo.

Que hoy Alajuelense plasme sobre la grama un fútbol vistoso que despierta el aplauso en la grada es plausible más allá de la caída ante Limón, como lo es también la vuelta a las raíces del Saprissa de Jeaustin, venidas a menos en el ciclo de González por la premura de título.

Caminamos a una nueva edición del clásico en medio de la sonrisa socarrona de Campos que tanto hiere a los alajuelenses y el rostro adusto del “Macho” Ramírez, quien desea  una Liga protagónica en el torneo local y en la Concacaf.

Dicen quienes conocen a Jeaustin que esas salidas previas a cada clásico son una simple broma que, a veces, se sale de control.

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