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Jeaustin en su hora injusta

Actualizado el 04 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Jeaustin en su hora injusta

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Sin la polémica el futbol no sería nada. Más emocionante un juego de cromos. El balompié es garra, disputa, temple y calor… Dentro y fuera de la cancha. Pero algo malo pasa cuando la pasión se desborda en los micrófonos mucho más efervescente que en el terreno.

Jeaustin Campos encendió las conferencias con su verbo inapropiado. Demeritó la victoria de la Liga en Concachampions con argumentos que, aún si fuesen ciertos (como el supuesto bajo nivel del adversario), sonaron más a “chimazón” y a cortina de humo.

Es cierto que “El Monstruo” pudo desplumar a las Águilas. Y también que el 0 a 3 fue un termómetro injusto de lo que pasó en el campo. Saprissa pudo haberlo evitado, con goles, y sin esos despistes infantiles que agrandaron injustamente la victoria rival.

Eso dolió a la legión morada y abofeteó el orgullo de un país que soñaba con dejar en el camino al símbolo del poderío mexicano. Una semifinal con tres equipos ticos habría sido la cereza en el pastel que nos venimos comiendo desde la eliminatoria.

Pero Jeaustin no supo digerir la bronca y enfiló las baterías contra la victoria del archirrival frente al DC United. Mala táctica. No solo ha enfurecido a los liguistas sino a una buena parte de sus propios seguidores. Y con buena razón: ¿Qué pasaría si mañana fuese el entrenador de la Selección ? ¿A cuál patriotismo acudiría?

Un fanático tiene salvoconducto para reaccionar hasta donde el hígado se lo permita. En su fuero habita el animal apasionado, el incondicional a sus colores, el que no atiende razones, el que aborrece la divisa contraria. El entrenador no puede comportarse así, porque cuando minimiza al adversario se corre el riesgo de que otro, supuestamente más pequeño, haga lo mismo con su equipo.

Le acaba de ocurrir a Campos por partida doble. Tres días después de la victoria americanista, los leoncitos mexicanos– negros eso sí- le dieron un zarpazo a las águilas. El último lugar le ganó al América y, por si fuera poco, La “U”, que solo había ganado un partido de nueve, endosó otra derrota al equipo de Jeaustin.

Murió el pez por su propia boca. Aunque ya sabemos que ese pez volverá a respirar y a morder apenas vuelva a su charco. ¡Para bien o para mal!.

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