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Desde la tribuna

Instantánea de dolor

Actualizado el 18 de abril de 2015 a las 12:00 am

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Instantánea de dolor

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Había visto la fotografía que se publicó en Puro Deporte en mayo del año pasado, días antes de la partida de la Selección Nacional al Mundial Brasil 2014. Y pese a que en su oportunidad leí la noticia y observé la gráfica, no fue sino hasta hace poco que pude reparar en la verdadera dimensión de aquel acontecimiento, mientras me tomaba un café en Multiplaza del Este y disfrutaba de una maravillosa exposición de fotógrafos y fotógrafas de este diario.

De pronto, me detuve en la que voy a referir. En primer plano se observa al legendario Álvaro Grant McDonald, gloria del fútbol nacional, al volante de su vehículo, minutos después de uno de los entrenamientos de la Tricolor . Briznas de lluvia diseminan gotas de agua en la carrocería gris, en el parabrisas y en la ventanilla del conductor. En el asiento del acompañante, se distingue a Álvaro Saborío, hijo de McDonald, visiblemente afectado por la lesión que, en ese momento, alejaba a nuestro goleador insigne de cualquier posibilidad de participar con el seleccionado en el Mundial, como finalmente ocurrió.

Es una fotografía intensa. José Cordero fue quien captó aquel instante de dolor, justo a la salida del Proyecto Gol, en la ocasión de marras. Con mi café a medio terminar, conmovido, yo miraba una y otra vez la fotografía. Me acercaba y me alejaba, para acercarme otra vez. ¡Qué momento! Y cuán reveladora me resultó la frase común: “Una buena fotografía, dice más que mil palabras”.

A raíz del registro fotográfico, recordé también la conferencia de prensa posterior a la práctica del combinado nacional, cuando al entonces entrenador de la Tricolor , Jorge Luis Pinto, se le quebraba la voz al certificar, ante los medios de comunicación, la infausta noticia.

Si la exposición se mantiene, les invito a que la observen, junto con las otras excelentes gráficas de la muestra. O bien, búsquenla en los archivos. Es un instante eterno. Se mira la imagen y se percibe la misma sensación de incertidumbre que nubló el alma del fútbol nacional, aquel día de mayo y llovizna.

Además, la gráfica es un ejemplo de amor filial. Con la cabeza inclinada hacia delante y una mano en su frente, el dolor indescriptible de Sabo. A su lado, en primer plano, con las manos sobre el volante, el callado amor de su padre.

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