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Guilherme Farinha: bocazas, populista y maleducado

Actualizado el 06 de noviembre de 2016 a las 09:07 pm

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Guilherme Farinha: bocazas, populista y maleducado

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1 Cuando gana, se expresa con un español digno de Cervantes. Cuando pierde, es una jerigonza incomprensible, una especie de inarticulado galimatías calculado precisamente para que nadie entienda sus absurdas justificaciones.

2. Un jueves sale a proclamar la próxima integración a la Liga de Cordero, jugador de Belén, y el sábado siguiente enfrenta al equipo en cuestión, con el futbolista de marras teniendo que arrastrar el inevitable sambenito del “desertor”, el “traidor”.

El técnico de Belén calificó el gesto de “marranada”. Suscribo a este sentir. Fue una acción antiética, manipulativa y profundamente irrespetuosa.

3. Ahora le da por reprender a sus jugadores públicamente. No hace falta ser Freud para advertir de que estas filípicas son psicológicamente deletéreas para cualquier deportista. La llamada de atención por bajo rendimiento se inscribe estrictamente dentro de los secretos de alcoba de un equipo. Publicar reprimendas es violar la intimidad de los camerinos, el sanctanctórum del equipo, su código de confianza y privacidad.

De nuevo: las reconvenciones deben ser administradas en privado: infligirlas en público es humillar innecesariamente al jugador. Farinha actúa con infidencia, como un terrorista psicológico, y pisotea la dignidad de sus jugadores.

4. Después de la derrota por 1-0 ante Cartaginés, con los ojos exorbitados tras sus espesos anteojos, Farinha enfatizó machaconamente que “Cartago no había sido superior a la Liga ni por un momento”. Bueno, señor, resulta que si su equipo perdió 1-0, por necesidad lógica debe haber habido por lo menos un momento en el que Cartago sí fue superior: ¡el momento del gol! Es incontrovertible que la defensa rojinegra se durmió, el contragolpe los tomó mal posicionados, y en la definición de Fener, el central Mesén se comió una finta del tamaño del Chirripó.

Farinha exhibió falta de magnanimidad, generosidad y señorío, al no reconocer los méritos del rival. Cartago fue superior en la jugada específica del gol, y eso basta para ganar un partido.

Quizás un día los directivos consideren la materia humana de los técnicos antes de contratarlos. Su clase, su decencia, su aristocracia espiritual, su calado ético. Será un día glorioso para nuestro fútbol.

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