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Óscar Esteban Granados: de rebelde a caudillo herediano

Actualizado el 13 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Óscar Esteban Granados: de rebelde a caudillo herediano

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Óscar Esteban Granados era lo más parecido a un líder en Cartaginés.

Dejó el equipo porque algunos dirigentes de turno pretendieron renovarlo con un salario inferior al que devengaba y él se negó.

Esa prueba de carácter retrató su entereza y prefirió irse a Orión que dar un paso atrás.

Juan Luis Hernández lo moldeó como el 5 que hoy la rompe en el Herediano. En un Cartaginés acostumbrado a pelear descensos, muchas veces dio pinceladas de que sabía qué hacer con la pelota y de que tenía gol.

Ese corte antológico en el centro del campo brumoso y la posterior cabalgada pelota al pie hacia el área rival, le sirvieron para fraguar varios gritos de gol.

Para varios dirigentes brumosos de entonces, Óscar Esteban era una piedra en la bota, un verbo desbocado que no se guardaba nada y que siempre adoptaba poses de rebelde con causa.

Por eso cuando en nombre del equilibrio presupuestario le ofrecieron un salario menor, en realidad le abrieron la puerta conscientemente para que emigrara.

Con esa decisión ganaron el fútbol y Granados, pero perdió Cartaginés porque se privó del mejor 5 del torneo local, un futbolista salido de la cantera en donde los talentos escasean.

En Herediano, el volante encontró las condiciones para explotar. Maduró, le cortó alas a su verbo irreverente y se dedicó a lo que mejor hace: anticipar, cortar y servir. Su protagonismo en la cuota ofensiva florense también se disparó.

Con el logo del CSH, patrulla los terrenos más fértiles de la cancha para alzarse con la posesión de la pelota, enfilarse a suelo enemigo, pasarla con ventaja o anotar.

Tiene 29 años, es candidato natural a regresar a la Selección y reivindica el legítimo derecho a jugar en el extranjero. Todavía es emotivo y pasional, y su zancada y criterio para jugar cada pelota recuperada sedujeron el corazón de la hinchada florense.

La tribuna del Rosabal siempre paga con amor incondicional cada gota de sudor y talento, y no tardó en elevarlo al altar de consentidos.

El técnico interpretó el clamor popular y lo ungió capitán. Bien por Esteban, bien por el fútbol.

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