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Fútbol -Vida

Actualizado el 06 de febrero de 2017 a las 12:00 am

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Como sabemos, el fútbol es una metáfora, una recreación lúdica de la vida. ¿De qué manera? De mil maneras, una de ellas preeminente. En un partido de fútbol, el jugador tiene que estar tomando decisiones a ritmo vertiginoso. Con cada bola que recibe -¡y aun si juega sin balón, y se limita a seguir el curso de la acción!- debe tomar una decisión. El problema es este: solo existe, por definición, por principio, una “mejor decisión”. La demás podrán ser buenas, malas, mediocres, brillantes, desastrosas, pero, en todo caso serán menos que mejores. Porque, de nuevo, “mejor” solo hay una: todas las demás decisiones están por debajo del discernimiento óptimo, y representan una degradación del juego. ¿No es esta, también, la esencia y dinámica de la vida?

¿Driblo? Y si driblo, ¿lo hago por la derecha o la izquierda -aun en el caso de que decida hacerle al rival un “túnel”, tengo que eludirlo por un lado u otro: ¡brincármelo no es una opción!- Y si no driblo, ¿lateralizo el juego, lo retraso, lo acelero, me arriesgo al pique con balón controlado, lanzo un centro al área rival, enhebro una pared o una triangulación, me animo a buscar el disparo de media distancia? A cada nanosegundo, el futbolista se ve en el predicamento de tomar una decisión. Esta puede ser “la gran jugada” del partido, o una debacle técnica que acarree la derrota de su equipo. A veces no piensa el cerebro -la razón es siempre lenta- sino la sangre, el instinto, la intuición, el reflejo, el más primario automatismo… esas son, también, “decisiones”.

El jugador está condenado a tomar decisiones, y debe hacerlo contra el reloj, bajo apremio, en medio de la ofuscación general y con once rivales que están deseando que su decisión sea la peor en cada momento dado. Pero vuelvo a mi punto: solo hay una mejor decisión, y los grandes genios del fútbol se caracterizaron por saber encontrarla. Como en el ajedrez, solo hay una movida perfecta: las demás, siendo quizás correctas, son menos que ideales. Con cada sístole y diástole, con cada inhalación o exhalación, nuestro cuerpo está tomando permanentemente decisiones, conscientes o automáticas. Eso es la vida. Eso es el fútbol. Por eso es bello, y terrible, inherentemente violento, emocionante y vertiginoso hasta la locura.

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