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Foster le hizo un favor a la final

Actualizado el 20 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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Foster le hizo un favor a la final

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Dicen el chiste que Saprissa sufre cuatro bajas sensibles: Bolaños, Guzmán, Vega y Foster (el guardalíneas que vio gol donde ni siquiera hubo un ¡uy! ante Herediano).

Sin Bolaños, Saprissa pierde desequilibrio, experiencia, manejo de los ritmos, gambetas y potenciales asistencias. Es otro Bolaños, no aquel del Cartaginés, como desganado, como si estuviera de paso, como si apenas le interesara entrenar, estirar y hacer maletas hacia Qatar. Después de ese Bolaños -lo admito- esperaba otro decepcionante regreso.

Sin Deyver, Saprissa pierde vértigo. Aunque suma solo cuatro goles en el torneo y ninguno contra la Liga, no hay morado que intimide a los manudos como él. Los goles en clásicos pasados -incluyendo uno en la última semifinal- suelen extender su efecto.

Sin Guzmán, Saprissa pierde equilibrio y pase largo, aunque el cuadro morado aprendió a jugar sin él. El contención sumó tan solo 901 minutos de 1980 posibles en la primera fase; apenas el 45,5%.

Por último, a lo que venimos: el árbitro asistente Foster...

Aún creo en la inocencia del abanderado, pese al desatino, la testaruda defensa de su decisión en entrevista un día después del juego y la insensatez de asegurar, aún reconociendo que no estaba en buena posición para ver si el balón entró, que señalaría gol si tuviera que decidir de nuevo. Su inocencia -imposible de demostrar- la busco a ciegas en el errare humanun est .

Para mala suerte de Foster, la serie que tenía un 3 a 0 luego del primer partido, terminó definida por tan solo un gol. No es su culpa lo sucedido en el segundo juego, pero una amplia diferencia en el marcador habría dejado su fallo en la categoría de error sin consecuencias.

En cambio, a los árbitros de la final les quedó una difícil labor: un grave error favorable a Saprissa, enlodaría el torneo nacional; un grave error en su contra, castigaría a quien no tiene culpa.

Quizás basta olvidar lo sucedido, pero me temo que no es tan fácil. Quiero pensar, entonces, que en medio del desacierto y sus daños colaterales, Foster le hizo un favor a la final: nadie se atrevería a convertir en penal una falta fuera del área; ni en gol, una pelota en la línea; ni en expulsión, una simulación barata. Quiero pensar que en el peor de los casos habrá campeón pese al árbitro y no gracias a él.

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