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¡Ensayen el disparo de media distancia!

Actualizado el 12 de octubre de 2015 a las 12:00 am

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¡Ensayen el disparo de media distancia!

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Nada puede compararse a ese espécimen que llamamos el “tirador de media distancia”. El cañonero, la plataforma de misiles, rasantes —los que dejan una estela de césped calcinado a su paso—, a media altura, o a los ángulos. ¡Cómo he echado de menos este tipo de figura, en la Sele !

El mediocampista con vocación de delantero: merodea siempre los linderos del área, de pronto arranca desde atrás, se enfila hacia el área rival, baja la velocidad (es natural: está ponderando la detonación) y suelta su obús letal, o bien busca el menor boquete defensivo para disparar. Luego aquellos a los que tan solo se les sirve el balón lateral, amoroso, a ras de césped, y lo conectan sobre la marcha con toda la potencia de su embate.

No hablo de las patadas “de mula” de Roberto Carlos, sino del tipo de impacto de Rivelino: toda la fuerza bruta del cuadrúpedo, pero con la impecable colocación a los ángulos de un jugador de billar. ¿Qué sucede cuando un bólido sale contra el marco contrario? 1- Lo detiene el portero. 2- Lo rechaza, queda suelto en el área, y un delantero oportunista lo remata con el arquero vencido. 3- Estremece un poste y regresa al área, donde puede ser objeto de un nuevo cañonazo. 4 - Alguna pierna en el bosque humano del área lo desvía y descoloca al guardavalla. 5 - Provoca un tiro de esquina: ¡tenemos todas las razones del mundo para emplear esta arma!

Tirar potentemente a marco no depende del empaque físico del jugador. Con seguridad, el fifiriche de Bebeto chutaba con mucha mayor fuerza que Schwarzenegger. Y el grotesco Hulk, con su masa de músculos turgentes, patea como una libélula, comparado con el bajito pero sagaz Rivelino. Es la distancia entre el balón y la pierna que dispara, la posición general del cuerpo, el equilibrio de la pierna de apoyo… un acto mucho más intelectivo que puramente muscular.

Tenemos hombres dotados de esta facultad… y no la usan, o la usan mal (balones que van a parar al cinturón de asteroides del sistema solar, cachiflines que se arrastran misérrimamente por la línea de fondo). Quiero ver cañonazos de 15, 20 y 25 metros, y tiros libres a la escuadra o perversamente rastreros. Hemos descuidado este recurso. Y lo deploro, porque alguna vez lo tuvimos egregiamente.

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