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Encadenados a la suerte de Li

Actualizado el 16 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

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Encadenados a la suerte de Li

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El fútbol de Costa Rica necesita que el 2016 sea el año de la liberación de Eduardo Li. Libre y absuelto de todo cargo. Más que por él, por el bien de ese deporte y por la tranquilidad de todos quienes vivimos el fútbol con pasión.

Porque si el señor Li termina condenado en una cárcel de Estados Unidos, de alguna forma todos quedaremos encarcelados en la prisión de las dudas, de los temores, de la mala imagen que acompañará por siempre al periodo futbolístico más bello que se haya generado en la historia de la Selección Nacional.

Dudas y temores porque saltaran muchas preguntas lógicas que a lo mejor nunca tendrán respuestas. ¿Actuó solo?, ¿ninguno de sus allegados en el ente federado sabía de sus andanzas?, ¿alguno le ayudó?, ¿hubo negligencia de parte de quienes le rodeaban y tenían funciones específicas en el Comité Ejecutivo?, ¿está todavía algún corresponsable sentado en la silla de director?

Si Eduardo Li resulta condenado, se abrirán dos grandes interrogantes. ¿Era tan mesiánico que pudo hacer y deshacer sin que los demás se dieran cuenta? o ¿esos otros eran tan poco astutos, por llamarlo de alguno forma, que no sospecharon, no la vieron venir, y dejaron pasar esa mano negra que, en caso de confirmarse la culpabilidad, habrá ensuciado a todo el fútbol tico?

Y con esas preguntas a cuestas, de seguro vendrán otras. Las más importantes: ¿Merecen mantenerse en sus cargos, más allá del día de la posible condena definitiva, quienes compartieron la mesa directiva, los viajes, las felicitaciones y las decisiones con el otrora presidente?

¿Quién se hará responsable, además de él, si algún dinero que debía llegar a la Fedefútbol se quedó en una cuenta privada o si lo que ingresó a la entidad rectora quedó disminuido por el pago de una comisión?

Porque si ese día funesto llega, con él vendrá un nubarrón que empañará la historia linda que forjaron los muchachos y su cuerpo técnico en Brasil 2014. Y aun cuando ninguno de los compañeros de don Eduardo haya participado de un posible acto corrupto, la condena moral por la inercia y la omisión pueden juzgar y condenar la credibilidad de una buena parte de la dirigencia actual.

Por eso sería bueno que Li saliera libre en el 2016, para que todos puedan dormir tranquilos y nos dejen a nosotros también saborear en paz los recuerdos del buen año 2014.

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