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Dictadorzuelos del pensamiento

Actualizado el 27 de abril de 2015 a las 12:00 am

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¡Cuán triste, la vida de la gente que siempre quiere tener razón! Declaran “¡mi palabra es la ley!”, y lo que era un intercambio horizontal de ideas se convierte en estructura vertical de poder. Porque decir “yo tengo razón” significa, en el fondo, “yo tengo el poder”. Ahí se esteriliza la discusión.

Hay comentaristas que no quieren a Chope. Como quien se traga una cucharada de tachuelas, nos instan a apoyarlo y desearle éxito clamoroso. Palabras completamente divorciadas de su sentir íntimo. Tal es su inquina, que anhelan verlo fracasar, aun cuando ello signifique la debacle de la Sele . Los define su aversión a Chope más que su amor al equipo. En las tenebrosas criptas de su conciencia, desean que la Sele se descalabre, para trompetear: “¿Vieron, que yo tenía razón? ¡Chope traicionó el evangelio de su Divino Maestro!” Preferirán ver caer a la Sele con tal de “haber tenido razón”, que verla triunfar y digerir un pronóstico desmentido. Y si la Sele cae (para su inconfesable, retorcido deleite), citarán viejas columnas donde, con la clarividencia de Nostradamus, vaticinaron el fracaso (¡cuán inelegante, auto-citarse!)

La Copa Oro será más ardua que jugar contra una manga de arrogantes uruguayos e italianos que no estudiaron nuestro fútbol, y ni siquiera podían mencionar a un jugador tico. Ahora enfrentaremos rivales que nos tienen bien leídos. La jactanciosa polada de que “somos el equipo a derrotar, el referente del área”, no hará sino perjudicarnos.

No es justo comparar a Chope con el Pinto que venció a Uruguay e Italia. Este culminaba un proceso lleno de altibajos y experimentos. Sus corifeos harían bien en recordar las masacres contra Chile (4-0), Japón (3-1), Corea del Sur (1-0), Australia (1-0, sin un tiro a marco), o los partidos clasificatorios que salvamos con los dientes en calidad de visitantes. Sería infame demeritar la “epopeya Pinto”, pero conviene recordar que la saga tuvo fases, intermitencias, un oscuro Medioevo, y la apoteosis final. No esperemos de Chope otra cosa. Él también tiene derecho a buscar (es decir, tropezar) antes de encontrar. Quien solo quiera “tener razón” y proclamar, orondo: “¡Yo lo dije: le faltaba experiencia!”, debería ahorrarnos su tedioso alardeo, y dedicarse a la futurología.

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