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Cuestión de autoridad

Actualizado el 20 de febrero de 2016 a las 12:00 am

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¡Menuda tarea le espera al señor Daniel Vargas como nuevo presidente de la Comisión de Arbitraje de la Fedefútbol! Al exjerarca del Cartaginés se le critica, no más de entrada, que desconoce el mundo arbitral. Su réplica es que maneja la otra perspectiva, la acera de enfrente; es decir, la idiosincrasia y la dinámica de los dirigentes del fútbol de la Primera División. Buen punto, don Daniel.

Esperemos que Vargas aprenda rápido la letra menuda de la materia y comience a conducir con certeza los intríngulis de un gremio tan particular como el de los otrora hombres de negro. Para mí, el gran problema que vivimos en relación con los malos arbitrajes, más que el desconocimiento de la técnica o del reglamento, tiene que ver con la generalizada falta de personalidad y la asombrosa fragilidad que los jueces evidencian en cada fecha del torneo.

Hay que ver la forma soez, descortés y altanera en que la gran mayoría de los futbolistas, los capitanes incluidos, se dirigen a los señores del silbato cada vez que estos señalan faltas o intentan desenfundar sus tarjetas.

Los jugadores gesticulan, gritan, escupen al piso, rodean al réferi, en fin, lo acosan. Y este, ni se inmuta ni se da por aludido.

En consecuencia, por ese discutible afán de “cuidar el espectáculo”, el árbitro costarricense se abstiene de interpretar y poner en práctica las reglas con rigor.

El reglamento se estudia, se memoriza, se interpreta. Pero… ¿se aplica en nuestro medio? La respuesta es más que obvia, porque, simple y sencillamente, los jueces se lo guardan en el bolsillo.

Estamos claros que aplicar justicia en un encuentro futbolístico, tener buena condición física, vista de águila, señalar las faltas oportuna y rápidamente y ejercer la autoridad, no es comida de trompudos. No obstante, es un hecho que a lo largo de muchísimo tiempo, en Costa Rica nos acostumbramos a justificar a los árbitros por su condición terrenal, en el sentido de que, por definición, les asiste el derecho de equivocarse, “porque son humanos”. ¡Válgame Dios!

Aceptar que el arbitraje costarricense atraviesa, desde hace varios años, por uno de los pasajes más oscuros de los que tengamos memoria, ha de ser la primera piedra para edificar el futuro. Y salir del fondo.

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