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Opinión: Tanto fútbol con Alejandro

Actualizado el 22 de marzo de 2017 a las 02:59 pm

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Opinión: Tanto fútbol con Alejandro

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Con Alejandro le di mis primeras patadas a una bola de hule, en la hoy desaparecida plaza que estaba ubicada entre el Cine Chassoul y la iglesia El Tremedal en San Ramón de Alajuela.

También nos divertimos mucho con el futbolín que tía Ester nos regaló para una Navidad; a veces ganaba él, a veces ganaba yo, y en varias ocasiones mi padre o mi madre hacían de árbitros ante una jugada antirreglamentaria, como por ejemplo la famosa "chocolatera".

No solo eso. Juntos estrenamos, en una plaza situada frente a un aserradero en Liberia, Guanacaste, el primer balón de cuero que tuvimos: obsequio de tío Orlando. Jugábamos con zapatillas, tenis o botas pues no teníamos tacos. Después, en casa, nos esperaba una refrescante limonada preparada por mi madre.

Con él vi también, en un televisor nuevo con pantalla en blanco y negro, los dos partidos que Saprissa jugó contra el Santos de Brasil, con Pelé incluido, en 1972; ambos juegos en el viejo Estadio Nacional. El primero el 2 de febrero, con empate 1-1, y el segundo el 18 del mismo mes, con triunfo de los brasileños 5-3.

Alejandro estuvo presente en la plaza de Curridabat la mañana del 25 de diciembre de 1972, cuando estrené el uniforme y bola morado y blanco que me regalaron mis padres para esa Navidad.

Aún hay más: ¡las de sudadas que nos pegamos mejengueando en el patio grande de la casa en San Pedro de Montes de Oca, en las cuales los queridos y recordados perros Posío, Pimienta y Keysi corrían detrás de la redonda.

¿Qué decir de los partidos que jugábamos los domingos por la tarde –en la plaza de San Pedro o en la de la Universidad de Costa Rica contiguo a la Escuela de Derecho– con una barra de amigos entre los cuales estaban Huevo, El macho, Recho, Tortugo, Beto, Guima y Acharita?

Asimismo, fue uno de mis cómplices en las múltiples ocasiones en que nos "fugábamos" de la iglesia los domingos, para llegar al Estadio Saprissa justo para entrar gratis y disfrutar del segundo tiempo.

Con Alejandro he ido a la casa de mis padres en incontables oportunidades para ver la transmisión de los partidos de fútbol saboreando maní, patacones con frijoles molidos, ceviche de plátano verde, pejibaye con mayonesa y algún refresco natural.

También hemos disfrutado del deporte más bello del mundo en distintos estadios. Algunos días celebrando; otros, sorbiendo el amargo trago de la derrota.

Una bendición contar con un hermano con el que he vivido tanto fútbol. ¡Felicidades, Alejandro, en este día de cumpleaños!

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