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Clubes y selección, dos mundos diferentes

Actualizado el 04 de abril de 2015 a las 12:00 am

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Clubes y selección, dos mundos diferentes

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“El fútbol uruguayo está en el sótano de América. Campeón continental desde 2011 a nivel de selecciones y octavo en el ranquin FIFA, la realidad del fútbol de cabotaje es muy diferente a la internacional y lo está demostrando la actual Libertadores”, escribe el periodista Daniel Rosa en el diario El País de Montevideo, en un artículo titulado “En el el fondo de la tabla”. Y desarrolla a continuación una original estadística a raíz de la pobre actuación de los equipos charrúas en la Copa. “Uruguay es el décimo país entre once en la tabla global del certamen continental, con sólo 10 puntos en 10 partidos”, refiere sombríamente.

La tabla la encabezan los equipos de Argentina con 47 puntos y siguen los de Brasil con 37. Luego, ya muy distanciados, los de Bolivia con 18; Chile 16, México 14, Ecuador y Paraguay 13, Colombia 12, Perú 11, Uruguay 10 y cierran los de Venezuela con 7.

Justo es remarcar que los argentinos participan con seis clubes, por lo que podríamos dividir esos 47 puntos por dos y quedarían en 23,5. Pero aún así serían punteros. Brasil cuenta con cinco; si lo lleváramos también a tres como los demás países mantendría el segundo puesto con 22,2.

El escalafón nos dice algunas cosas. El fútbol uruguayo local, de club, languidece desde hace años, aunque no lo veíamos tan revelador como lo indican los números. Los clubes orientales, antiguamente fuertes protagonistas, llevan 27 años sin conquistar la Copa y salvo un par de honrosas excepciones (Nacional semifinalista en 2009; Peñarol finalista en 2011), las participaciones han sido muy pobres. Además nunca ganaron la Copa Sudamericana, la Mercosur o la Conmebol.

En la actual edición, Nacional de Montevideo y Danubio (perdió sus cuatro partidos) ya están eliminados. Queda Wanderers. Esto refleja una realidad: Uruguay sigue produciendo buenos jugadores, lo que le permite tener una selección competitiva, pero los transfieren muy jóvenes al exterior y los clubes no tienen cómo luchar contra sus vecinos del continente.

Esa tabla califica también como muy llamativo el noveno puesto de Colombia. Lo creíamos más a Nacional, ha sido escuálida su participación hasta ahora, aunque clasifique. Le pasó lo que a River, finalistas en la Sudamericana, se derrumbaron en la Libertadores. River empató sus dos enfrentamientos con Juan Aurich y perdió con San José. Después de coronarse en diciembre, volvieron a acecharlo los fantasmas internacionales al cuadro de la banda roja; su karma histórico. Pero aún tiene posibilidades de avanzar de ronda.

Los números ratifican una tendencia que se venía insinuando en los últimos tres años: el grave retroceso de los clubes venezolanos. Volvieron a las viejas épocas de equipos malos, totalmente vulnerables, sin equivalencias con sus rivales. Los tres –Táchira, Zamora y Mineros– van últimos en sus grupos, sin victorias y con 8 derrotas en 11 presentaciones.

En todo caso, lo del fútbol uruguayo es una característica que engloba a toda la región, incluida Concacaf: muy superior el nivel de selección que el de clubes. Siempre hay excepciones, pero la realidad es que juntar 11 buenos que están en el exterior es menos problemático que mantener a las pocas figuras en cada país. Además, las asociaciones tienen buena infraestructura para entrenar, contratan técnicos de jerarquía y se manejan con una logística muy superior a la de los equipos. El Maestro Tabárez es un entrenador consagrado, puede disponer de todos los futbolistas uruguayos en el mundo, tiene un centro de alto rendimiento (Uruguay Celeste) con las mejores instalaciones y todas las prerrogativas de preparación. En cambio los clubes uruguayos se manejan en una modestia espartana. Son mundos diferentes.

El universo actual es totalmente diferente. Menos rutilante. Y cada nueva edición de la Copa evidencia que, aún estando muy lejos de sus pares europeos, los clubes argentinos y brasileños hacen mucha diferencia con el resto. Por infraestructura, popularidad, tradición, posibilidades económicas y potencial deportivo.

Y lo que se advierte es que progresivamente se van alejando del resto, mientras en materia de selecciones la parábola es inversa: los otros se les acercan cada vez más.

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