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Chinimba: 'Alegría y miedo'

Actualizado el 19 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

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Chinimba: 'Alegría y miedo'

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Ver jugar a José Manuel Chinimba Rojas en la década de los años 70 me producía dos emociones contradictorias: alegría y miedo.

Alegría porque daba gusto ver a aquel volante ofensivo que derrochaba inteligencia, talento, genialidad, osadía, picardía, velocidad y hasta una dosis de arrogancia cada vez que jugaba con aquel equipo de fútbol de Barrio México, cuya portería era resguardada por uno de los mejores arqueros que he visto en el país: Didier Gutiérrez.

Miedo cuando ese deportista nacido el 8 de junio de 1952 alineaba en un partido contra mi equipo, el Deportivo Saprissa. Era siempre un dolor de cabeza, una pesadilla, la piedra en el zapato, un dolor de muelas; cada vez que recibía el balón y emprendía un nuevo ataque, yo —adolescente en aquellos años— temblaba, sudaba y me comía las uñas.

Era un futbolista de verdad. Jugaba con o sin balón. Marcaba los tiempos. Descifraba la estrategia de la escuadra contraria. Se echaba su equipo al hombro.

Era preciso con sus pases y remates a marco —virtud escasa en las canchas ticas hoy día—. Había neuronas en cada una de sus intervenciones.

Tan fuera de serie era Chinimba que en más de una ocasión asistí al estadio cuando no jugaba mi equipo, pero sí el conjunto cuya camiseta imitaba a la del River Plate de Argentina.

Sí, solo para verlo a él deleitándose y deleitándonos al lado de jugadores como Carlos Macho Ovares, William Jiménez, Alexis Alfaro y los hermanos Johnny y William Fisher Salgado.

Chinimba era uno de mis futbolistas favoritos. Por eso el pasado martes 20 de octubre será siempre una de mis fechas favoritas de este 2015 que se encuentra ya cerca del pitazo final; cómo no si ese día tuve la alegría de conocer a José Manuel Rojas y conversar unos minutos con él.

Ocurrió cuando llegué por la mañana a la empresa donde trabajo: Grupo Nación, en Llorente de Tibás. El hijo de doña Zulay estaba en el portón de entrada, a la espera del periodista Arnoldo Rivera, quien iba a entrevistarlo para un reportaje que Viva publicó el pasado sábado 14 de noviembre.

Los pocos minutos que compartimos nos alcanzaron para confesarle mi admiración y hablar sobre su época con el Barrio, el porterazo que fue Didier Gutiérrez y otro grande del fútbol nacional: el exjugador saprissista Édgar Marín.

Esta vez, el 20 de octubre, no hubo temor, solo alegría.

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