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El Cartaginés y el terror a la Independencia

Actualizado el 14 de septiembre de 2015 a las 02:58 pm

Es un equipo excesivamente conservador en sus decisiones. No hoy, sino toda la vida.

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Cartaginés será campeón el día que atraviese los nublados del día, convencido, agresivo, decidido, sin titubeos. Sin pánico ni dudas. El día que reviente las cadenas de conservadurismo que lo someten.

Cartaginés será campeón cuando deje de reciclar lo que los demás equipos tradicionales desechan. Cuando en lugar de firmar al delantero suplente de los suplentes, golpee la mesa del mercado de contrataciones con fuerza, arrebatándoles estrellas a los grandes. Cuando mande la timidez a la basura. Cuando no le dé miedo ser grande.

¿Se imaginan al Cartaginés contratando a Jonathan McDonald, recién coronado campeón goleador con la Liga? Yo no, porque es un equipo excesivamente conservador en sus decisiones. No hoy, sino toda la vida.

Tampoco logro verlo arrancándole al Saprissa a su mejor defensor y líder, Adolfo Machado, ni, mucho menos, extirpándole al Herediano a su genio, Elías Aguilar. Cartaginés no compite en el mercado. Solo se espera a ver qué quedó. Y no es un problema de la junta directiva actual. Sino de todas desde que recuerdo.

Por eso, año tras año, llegan a la Vieja Metrópoli figuras como el extranjero desconocido, el volante que se peleó con los compañeros, el extremo que no acumulaba minutos y el creativo que postea en redes sociales cuánto ama a otro club...

Aunque tiene abolengo y la cuarta afición más grande del país, le ha costado decidirse a darle el control total a un grupo empresarial pudiente y ambicioso, que, como sí hizo Herediano, además de exterminar deudas, invierta a manos llenas en pos del objetivo supremo: ser campeón. Casi partiendo desde cero, Liberia sí se atrevió en su momento. Se llevó al Mambo Núñez, Alejandro Alpízar, Minor Díaz, Alvaro Mesén, Pablo Salazar, Michael Umaña, Harold Wallace, etc. Y fue campeón. No tuvo sostenibilidad precisamente por faltarle lo que sí tiene el Cartaginés, una marca más potente, una gran hinchada, una larga historia.

Y ahí sigue el viejo Cartaginés, encadenado a sus temores, sin voluntad para emanciparse de sus miedos, apagando incendios con baldes de agua, en lugar de arrasar el mercado con un cañón de liquidez. ¿Será que algún día se decide?

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