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Banca para cortar las alas

Actualizado el 03 de febrero de 2016 a las 12:00 am

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¿Un jugador debe ser agradecido con el equipo que lo formó, promovió y lo puso en el escaparate para irse al fútbol internacional? ¿ O está bien que el muchacho no firme una renovación cuando se acerca el fin de su contrato, tiene ofertas y no quiere compartir el botín?

A Saprissa ya le hicieron esa gambeta Keylor, Azofeifa, y Borges, entre otros. Entonces la dirigencia morada le ha puesto cadenas a la titularidad de quienes hoy pretenden la misma jugada: Golobio y Vega. O extienden el vínculo, que vence en mayo, o se quedan en la banca durante el torneo, perdiendo ritmo y tal vez la opción de irse (¿Quién contratará a un futbolista que no juega en meses?).

Sin duda una manifestación esclavista y una negación tonta y burda de lo que el fútbol es hoy: un negocio. Nadie acusaría de ingrato al Saprissa si esos mismos hombres no estuviesen en los planes morados para la siguiente temporada, por un criterio técnico o de dirigencia. Ningún equipo es un asilo de beneficencia para mantener a quienes no llenan los zapatos con calidad.

Por el contrario, los futbolistas tienen el derecho de obtener la mayor renta posible de su trabajo. ¡Culpa del club que no tuvo la visión para darle un contrato largo o no ofreció una prórroga a mitad de camino, sino al final, cuando ya otros pescadores merodeaban!

En ausencia de bajo rendimiento, cualquier juzgado laboral condenaría a un equipo que cambia las condiciones radicales a quienes envía a la banca para obligarlos a firmar. Y cualquier fabricante de “memes” se daría gusto con las frescas palabras del presidente morado (al vender a Ariel Rodríguez), cuando dijo que ellos no le cortan lo sueños ni ilusiones a su gente.

Para que esta medida fuese justa, tendría que existir el derecho del jugador a negarse a actuar si el club no pretende renovarlo y él —con estadística en mano— demuestra que sus números fueron positivos (apariciones de titular, goles, atajadas, pases buenos, etc).

Es mejor aceptar que el fútbol es un negocio, que los futbolistas disponen de poco tiempo para hacer fortuna y que el amor al club solo se demuestra con la entrega máxima en cada minuto que les toque jugar, no con besos a la camiseta, porque esos se van en la valija, envueltos en dólares, cuando son convocados por la diosa fortuna.

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