Deportes

¡Ay Ureña!, no seas ingrato

Actualizado el 16 de octubre de 2015 a las 12:00 am

Deportes

¡Ay Ureña!, no seas ingrato

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Es un torbellino sin red. Lástima porque cuando se enfila al arco y se lleva todo por delante, hasta el ojo no instruido cede a la tentación de creer que aquello es preámbulo del gol.

Pero no… Con Marco Ureña el grito de gol se queda atorado en la garganta, la frustración lo impregna todo y la boca exhala un quejumbroso “uyyyyyy” por lo que no será.

¡Ay Ureña!, no seas ingrato, mételas, porque si logras coronar con éxito unas cuantas carreras de esas hacia el portal de enfrente, la cuadrangular será más fácil para regocijo nacional.

A nuestros delanteros les cuesta entrar en calor para acertar en los mecates. Por lo general se pierden tres o cuatro goles cantados antes de prenderse en el festejo encendido de una anotación.

Incluso el país tiene su propio tótem en la materia: Álvaro Saborío. En el Saprissa, primero, y en la Sele , después, Sabo fue la encarnación de que la diana puede ser esquiva por malas decisiones, impericia o caprichos del fútbol.

Los atacantes son conscientes de la desazón que generan sus yerros. Sienten vergüenza, algunos se cubren el rostro con la camiseta, otros se toman la cabeza, hay quienes piden explicaciones al cielo…

Más que gestos, prefiero a los que la intentan siempre. Y en eso Sabo fue estandarte. Podía comerse varios goles en un juego, pero nadie puede reprocharle que se guardara algo en la siguiente acción.

¿Por qué fallan los delanteros en situaciones que parecen simples? Los comentaristas de moda dicen que se toman decisiones equivocadas de cara al gol. En realidad, solo ese hombre que nos dispara al corazón en una jugada de esas lo sabe.

Una vez le consulté el tema a Edgar Marín, el mejor puntero derecho que vi en el Saprissa y en la Selección. Guita fue devoto de la escuela y consideraba que viendo a los grandes “espejos” y trabajando de más en los entrenamientos, el asunto se podía corregir.

Ureña es recuperable. En el Mundial de Brasil nos demostró que puede embocarla de entrada, como cuando sentenció el 3-1 ante Uruguay, con aquel derechazo cerrado y dificultoso que nos tiró a la calle a celebrar.

Como todo en la vida, estar en forma es clave. Nada aceita mejor el instinto goleador de un delantero que jugar siempre, someterse a examen en cada partido y meter más de las que pierde.

Yerran goles delanteros de todas las raleas. He visto perderse anotaciones cantadas a goleadores seriales como Ronaldo e Ibrahimovic. Lo peor que podemos hacer con Ureña es empalarlo por lo que no fue. Marco tiene una ventaja: es joven, tiene calidad y lo suyo parece ser un tema de puntería, porque rompe la línea adversaria con diagonales clarividentes, es potente y siempre podrá reivindicarse en la siguiente acción.

  • Comparta este artículo
Deportes

¡Ay Ureña!, no seas ingrato

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota