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Alajuelense: un líder con doble personalidad

Actualizado el 26 de febrero de 2016 a las 12:00 am

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Alajuelense: un líder con doble personalidad

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La Liga aprovechó la jornada de mitad de semana para reafirmarse en la cima, elevar a cinco la seguidilla de victorias en casa y sacar muy temprano patente de favorito, cuando al Verano le queda una vuelta y fracción. Pero el líder no es un producto acabado ni mucho menos, como se apresura a aclarar su técnico Javier Delgado en el ritual posjuego con los periodistas.

El Sheriff se cuida de las cataratas de elogios, da margen al proceso que queda por delante y se guarda pistas del verdadero pulso de ideas en que se debate con su cuerpo técnico.

Porque jugados 10 partidos, acuñados 22 puntos, siete victorias y una diferencia en goles de +13, la Liga busca su verdadera personalidad entre el rigor y el equilibrio que son su marca de fábrica como entrenador, y una versión más audaz, ¿acaso promovida por Wílmer López?

Alajuelense da la impresión de ser un equipo con doble identidad: férreo en la marca y obsesivo con la eliminación de espacios al rival, pero al mismo tiempo un espíritu libre, sobre todo cuando toman la pelota Gabas y Guevara.

Si esta presunción derivada de lo que uno observa del equipo jornada a jornada es real o no, jamás dañará la salud rojinegra en el torneo porque nada fortalece más a una organización que la convivencia sana de distintas ideas.

La Liga más pura y devota del estilo de Delgado es esa que despojó al Saprissa de la pelota y aisló a Angulo para que el campeón no carburara, o la que cortó los circuitos del juego de la UCR para que no pesaran en el partido Jonathan Sibaja, Josué Martínez y Olman Vargas.

La de Wílmer es la que eleva a Gabas como director de orquesta, con pases de destino seguro siempre para que Guevara reciba, descargue y borde la jugada que antecede al gol. O esa que entiende que a la anotación se llega tocando, como el primer gol ante la U, en donde una pelota jugada desde el fondo recorrió toda la cancha a puro toque y terminó en la red de Aarón Cruz.

Por tratarse de un equipo en formación, esto parece cuestión de gustos: una Liga que mande en el partido a partir del equilibro u otra que avasalle al rival con base en el manejo de pelota. Quizá lo conveniente sea el equilibrio, con líneas muy juntas para no dar ventaja, toque y circulación para tener llegada masiva y variada que prolongue el romance con la red de Diego Madrigal. Es cuestión de tiempo.

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