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Opinión: Era Adrián Leandro, no Javier Delgado

Actualizado el 01 de junio de 2017 a las 09:50 pm

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Cartaginés acaba de dilapidar una oportunidad dorada para sentar en su banquillo a un hombre de la casa, formador de la generación capaz de sacarlo de todas sus miserias.

Ese director técnico es Adrián Leandro, el “ninguneado” asistente número dos de Jeaustin Campos, un tipo cuyos único pecados son su perfil bajo y su enemistad con los flashes y los micrófonos.

Leandro es el padre de una generación de por lo menos 25 futbolistas menores de 20 años, campeones nacionales de las categorías Sub-20 y Sub-17, que ganaron finales a sus pares de Herediano y Saprissa.

Con ellos no hay Muñeco que asuste ni clasificaciones que se escapen en la última jornada, pues Adrián se ha ocupado de rodearse de profesionales que fortalecen la mente y elevan el espíritu de sus muchachos.

En esas categorías Cartaginés tiene futbolistas para casi todos los puestos: hay arqueros, defensores centrales que combinan biotipo y técnica, carrileros de ida y vuelta, que proponen el mano a mano por los costados y centran para que un compañero la emboque en la red.

También posee mediocampistas mixtos que cortan y juegan, diamantes pelota al pie en la medio cancha como otro “ninguneado” en la Selección Sub-20, Cristopher Núñez, y delanteros que abren la cancha, desbordan y preparan la antesala del gol o lo anotan.

Se trata simplemente de darles oportunidad, confianza, para que superen la transición normal del debut y se adentren en el bosque de la Primera División dispuestos a cambiar la historia del equipo blanquiazul.

Dicen que cuando le insistían a Jeaustin, hoy técnico del Blooming, que incluyera a más novatos en la formación se oponía porque no estaba dispuesto a jugarse el prestigio –¿le quedaba algo?– con jóvenes y cerraba las puertas.

Adrián conoce a esos muchachos, los formó y guió, les sacó los miedos y es el indicado para conducirlos ahora en esta transición que abrió el adiós atropellado de Jeaustin.

Pero la dirigencia no escarmienta y se repite en el error de traer a Delgado de vuelta, el hombre que la tuvo más cerca para romper la sequía de más de 70 años sin títulos y la dilapidó por sus miedos.

El Sheriff vuelve al banquillo azul con un rendimiento que sonroja: 47%, peor que el de Jeaustin (50%), es decir, que no se clasificaría tampoco y sería volver a lo mismo.

Era Adrián Leandro, no Javier Delgado.

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