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Análisis histórico del clásico centroamericano

Una rivalidad marcada por largas hegemonías

Actualizado el 06 de junio de 2013 a las 12:00 am

Costa Rica dominó desde el 1935 hasta el 68, cuando Honduras volcó el patriarcado

Desde el 2001 en adelante, la situación se emparejó en cuanto a logros y resultados

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Las selecciones de Costa Rica y Honduras tienen mucha historia. No podía ser para menos, si se toma en cuenta que este duelo es el que se considera como el clásico centroamericano por excelencia.

El sitio oficial de FIFA señala que entre ambos hubo 53 partidos clase A, muchos de ellos recordados por haber sido intensas batallas en el campo de juego.

Sin embargo, son dos muy marcados y longevos períodos de hegemonía lo que más resalta de dichos registros de resultados.

El primero es ampliamente favorable para los ticos; el segundo se coloca avasalladoramente del bando de los catrachos.

Los dos países jugaron por primera vez en 1935; fue un compromiso que terminó con una paliza de 6-0 en favor de Costa Rica.

Desde ese momento hasta finales de los 60 fue una época brillante para el futbol tico internacionalmente. En el Istmo no había quién le pusiera la mano encima y con los de un poco más lejos tampoco era que le iba mal.

“El futbol aquí se adelantó a la época. Tenemos antecedentes desde 1880 y buena organización desde 1910. Entonces técnicamente el tico era muy superior al resto del área. Además, había identidad. Teníamos un estilo claro y definido: el del toque. Era fino y depurado”, expresó Manrique Quesada, seleccionado en la década del 50 y 60.

La situación la corroboró el técnico hondureño José de la Paz Chelato Uclés Herrera, nacido en el 40.

“En esos tiempos el futbol de Costa Rica estaba muy desarrollado, estaba incluso al nivel mundial. Lo que pasa es que no aprovecharon para ir a Mundiales, pero técnicamente estaban muy adelantados. Un ejemplo: los Chaparritos de Oro” , manifestó Herrera.

Vuelta de hoja. Sin embargo, desde 1968 todo cambió y la Tricolor empezó a sufrir a menudo.

Honduras empezó a ganar aquí, allá, en sede neutral, en fin, en todo lado. Lo hizo por más de 30 años.

“Nosotros empezamos a levantar un poco y ustedes entraron como en una etapa de oscurantismo. Honduras empezó a profesionalizar su futbol y en Costa Rica el jugador pensaba más en ir a la universidad”, contó Chelato Uclés.

“Yo fui un par de veces de incógnito, cuando todavía no era conocido, y en prácticas de Saprissa veía que entrenaban 45 minutos, se comían un sandwich y ya. Se iban a trabajar o estudiar”, dijo el timonel de Honduras en España 1982.

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Quesada además dijo que en ese período Costa Rica perdió su identidad por contratar tanto entrenador extranjero y físicamente no avanzó como su máximo rival del área.

Gerardo Ureña, jugador en esa eliminatoria del 82, dijo que en esa época el país descuidó la técnica.

“Lo que nos caracterizó lo perdimos, no volvieron a aparecer las paredes ni el juego de conjunto. Se buscó reforzar lo físico, pero se nos olvidó lo nuestro”, apuntó.

Recuperación. Pero en algún momento tenía que darse un punto de inflexión, de quiebre.

Este llegó con el fantástico grupo que se juntó en el 2001 para la eliminatoria hacia el Mundial del año siguiente en Japón y Corea.

“Tal vez fue simplemente que la generación de ellos de los 80 y 90 era mejor que la nuestra y que la de nosotros del 2000 fue mejor que la de ellos. Sí puedo asegurar que nosotros juntamos una serie de jugadores muy completos y con personalidad”, adujo el exmeta Erick Lonis.

Desde ese momento todo es más parejo. Inclusive, la balanza se inclina levemente hacia los ticos.

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