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La Selección Nacional vivió una gran y emotiva historia a lo largo de la eliminatoria

Actualizado el 17 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Los jugadores ticos relataron lo duro que fueron los 16 juegos eliminatorios

Destacaron que el equipo se unió gracias a los golpes y al apoyo de la afición

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Allá a mediados del 2012, la ilusión del país era enorme, pues era el primer duelo de la eliminatoria hacia el Mundial de Brasil 2014, una en la que se pusieron todas las esperanzas de borrar el amargo recuerdo que aún rondaba de la fallida ruta a Sudáfrica 2010.

Pero las cosas no salieron bien. El resultado fue 2-2 en casa ante El Salvador, luego de ir ganando 2-0.

“Llegamos al hotel, cenamos y hubo una reunión inmediata. Nos preguntamos que qué pasaba. Que había mucho que corregir”, expresó José Miguel Cubero.

El nerviosismo aflojó un poco tras el 4-0 en Guyana, pero se redobló tras dos caídas al hilo ante México, una en el Nacional, por 0-2 y, otra en el Azteca, por 0-1

“Estábamos pasando un momento complicado, pero nunca perdimos la fe. Sabíamos que este grupo tenía talento y capacidad para clasificar al Mundial. Eso no se podía perder”, contó Keylor Navas.

No obstante, llegó un juego clave, uno de esos momentos que todos los futbolistas unánimamente dicen que unieron al grupo.

“Si empatábamos o perdíamos en El Salvador, que jugó a estadio lleno, las opciones que quedaban eran mínimas; pero por dicha anoté el gol más importante de mi vida, ya que mantuvo vivo el sueño de muchas personas”, dijo Cubero.

Unos días después, ante Guyana otra vez, la Tricolor se sacó la presión con una goleada de 7-0 para afianzar el boleto a la hexagonal.

Los jugadores de la Tricolor se felicitaron el martes tras la victoria ante México. En la foto, Joel Campbell, Randall Brenes y Johnny Acosta.   | AF
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Los jugadores de la Tricolor se felicitaron el martes tras la victoria ante México. En la foto, Joel Campbell, Randall Brenes y Johnny Acosta. | AF

Segunda fase. No obstante, ahí también se arrancó con dudas. A los 20 minutos se perdía 0-2 en el Rommel Fernández de Panamá.

“Nos reunimos en la mitad del campo y hablamos de que no podíamos perder el rumbo, que siguiéramos confiando en el trabajo. Que jugáramos con calma. Así lo hicimos, cayó el primero y supimos que podíamos empatar, tal como pasó”, adujo Patrick Pemberton.

Llegó el punto de inflexión: la bendita nevada de Denver y la infame caída, 0-1, ante Estados Unidos.

“Fue frustrante. Fue sentir cómo el peso de lo que significa Estados Unidos como potencia mundial nos caía encima. Pero pasó algo positivo: todo el país se unió a nosotros”, explicó Celso Borges.

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Se demostró ante Jamaica, un día en el que hasta se le dio la espalda al himno del Fair Play.

“Había mucho en el ambiente. Por lo que pasó en Estados Unidos, queríamos ganar, pero era un juego difícil. Ellos eran fuertes y rápidos. Gracias a Dios ganamos 2-0 y la gente apoyó demasiado. Desde ahí juramos sacar todos los puntos en casa”, adujo Christian Gamboa.

Así se vino una semana vital en junio del 2013, en la cual había tres juegos. El primero se saldó con una victoria ante Honduras en casa, 1-0. El segundo fue un empate en el Azteca, pero en el que se pudo más.

“Empezamos a ver que teníamos que dejar de respetar tanto a los rivales, específicamente a México y Estados unidos. Ese día tuvimos el balón, llegamos al marco de ellos. Nos dimos cuenta que podíamos ganar. Terminamos diciendo ‘uy si hubiésemos metido la de Joel’”, contó Yeltsin Tejeda.

El tercero de los duelos de esa seguidilla fue contra los canaleros. La victoria era vital para terminar de enrumbar la eliminatoria.

“Tuvimos diez minutos de locura. Bryan (Ruiz) hizo la de tiro libre y luego, por esas cosas que pasan, uno remata de 30 metros y la mete al ángulo”, broméo Borges.

El cierre. Llegó el partido más esperado, el de Estados Unidos como local. Era la revancha, dijeron muchos; la venganza, dijeron otros.

“Ese fue el partido de la clasificación. Había demasiadas cosas en juego, lo de la nieve, lo de la eliminatoria pasada. Por mi parte, cuando celebré, se me salió todo eso. Ni nosotros creíamos que a los diez minutos íbamos 2-0”, añadió Borges.

No obstante, matemáticamente faltaba algo por hacer. Había que ganar en Jamaica. Casi se hizo con el gol de Randall Brenes, pero los caribeños igualaron al 90’ y hubo que esperar un resultado ajeno.

“Se me vino Dios, mi familia, mis amigos a la cabeza en el gol. Lástima que nos empataron. Ya lo que fue la espera, fue muy tensa. Queríamos que todo se aclarara lo más rápido posible”, dijo Brenes.

Lo demás fue una de arena, tras el apático 0-1 en Honduras y una de cal ante México, una palada de cal.

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“Queríamos celebrar en casa, darle a la afición lo que se merecía, romper eso de que a México no se le ganaba desde hace 20 años. Lo hicimos”, concluyó Gamboa. Colaboró Juan José Herrera Ch.

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