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Michael Barrantes: El futsal recuperó el amor perdido de un enorme soñador

Actualizado el 03 de junio de 2014 a las 05:32 pm

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Michael Barrantes: El futsal recuperó el amor perdido de un enorme soñador

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Andrea Apú, esposa de Michael, junto a su hijo Arjen. | JOSÉ RIVERA

El pequeño Arjen Barrantes, de poco más de un año, apenas camina pero ya patea un balón más grande que la mitad de su cuerpo justo como su padre hace casi 29 años.

“Acá no hay que investigar mucho –nos cuenta rápido doña Maribel Rojas, madre del seleccionado Michael Barrantes– si usted quiere conocer cómo era Michael, véalo ahí está, es una copia”.

Este fue el primer carnet de jugador que tuvo el ahora mundialista.  | MARIBEL ROJAS/LN
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Este fue el primer carnet de jugador que tuvo el ahora mundialista. | MARIBEL ROJAS/LN

“Él siempre me protegía cuando jugábamos. Era el líder de todos los chiquillos del barrio. Al principio mis papás no estuvieron de acuerdo con la relación, ahora lo adoran”- Andrea Apú, Esposa y amiga de infancia

Doña Maribel afirma que no hay ningún secreto detrás de su hijo, pues la fórmula hasta hoy es muy simple: Él es solo Dios y bola”.

Pero como en muchas historias de amor, también hubo momentos de odio y rencor entre el hoy volante de la Selección Nacional y el deporte de sus amores.

Una promesa fallida lo llenó de desilusión y lo hizo abandonar las canchas por casi cuatro años, donde estuvo dedicado a su trabajo en la venta de repuestos San Martín.

Siempre ganador. Forjado en el barrio Cristo Rey de San José, Michael se empapó del amor al fútbol por su abuelo Roberto Rojas quien jugó de forma amateur, y por su tío, Javier Rojas, pionero de los primeros equipos en los que militó el volante izquierdo.

Sin embargo, su principal salto lo dio en 1997, cuando logró acudir a una copa infantil en Panamá con el proyecto San José 2000 de Liga Deportiva Alajuelense.

Ahí, y como fue su característica principal durante su infancia, Barrantes demostró su temple ganador y resultó máximo anotador del torneo con cuatro dianas.

De ese recuerdo su mamá conserva hoy casi intacto un artículo de un periódico colegial, donde narran las vivencias del jugador.

Su esposa, Andrea Apú, quien además fue amiga de la infancia del jugador, afirma que él fue un competidor nato y casi siempre destacaba como el mejor en el barrio.

“Si jugábamos escondido llegaba de primero, en el fútbol ni qué decir. Incluso él me apoyaba mucho y los dos logramos el primer lugar en una carrera de atletismo del barrio”, relató Apú con algo de nostalgia y orgullo.

Como cualquier otro chiquillo de barrio, Barrantes no escapó de las típicas “tortas”.

“Cuando empezó con las mejengas, también comenzó a quebrar vidrios, de hecho todavía hay una vecina que me reclama por el vidrio que nunca puso”, afirmó entre risas doña Maribel.

Torneo en Panamá que disputó con el Proyecto San José  2000.  |  ANDREA APÚ PARA LN
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Torneo en Panamá que disputó con el Proyecto San José 2000. | ANDREA APÚ PARA LN

Pero la desilusión llegó...

Según doña Maribel, tras su buena presentación en Panamá, un directivo de la Liga Deportiva Alajuelense se acercó para ofrecerle a su hijo la oportunidad de incorporarse al club, con alimentación y hospedaje para el joven.

Sin embargo, tres meses después les indicaron que ya no era posible, lo que provocó un golpe bajo para el jugador.

“Ah, él se frustró de una manera... Ahí me dijo: ‘Mamí ya no quiero seguir con nada de fútbol’”.

Barrantes abandonó las canchas desilusionado y tras solo llegar a sétimo año del colegio comenzó a trabajar con 15 años en la venta de repuestos de unos familiares llamada San Martín en Avenida 10.

“Le dije que no lo quería de vago en la casa, entonces, se fue a trabajar a la venta de repuestos que era de un familiar de mi mamá. Ahí comenzó rejuntando tornillos hasta que terminó como un agente vendedor”, añadió su mamá.

En medio del resfrío futbolístico, apareció una oportunidad de oro para el jugador; el equipo de Barrio Peralta de futsal lo invitó a formar parte de su planilla.

De ahí comenzó una brillante carrera en la cancha reducida junto a su hermano Roberto (jugador de Orotina en esta disciplina), donde se caracterizó por marcar goles.

Incluso fue campeón nacional con Barrio Peralta y Fuerza y Luz.

Michael (último a la derecha de pie) en un equipo de su barrio. |  ANDREA APÚ/LN
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Michael (último a la derecha de pie) en un equipo de su barrio. | ANDREA APÚ/LN

Ese olfato goleador lo llevó a la Selección Nacional de futsal donde tuvo la oportunidad de acudir a una gira sudamericana en el 2004 en la que visitó Brasil, lugar donde espera brillar el próximo mes.

El exjugador Hugo Madrigal lo llevó a hacer una prueba y Orlando de León le dio su primera oportunidad en el fútbol de la Primera División con Ramonense.

El amor revivió. Michael dejó su trabajo en la venta de repuestos por el fútbol, no importó que fuera con menos salario que en su antiguo trabajo y viajando todos los días hasta la tierra poeta ida y vuelta.

El resto es historia conocida, hoy aquel chiquillo de carácter fuerte y triunfador está a las puertas de realizar uno de sus sueños: disputar una Copa del Mundo.

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