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Mundial de Brasil 2014

De Costa Rica a Holanda, el viaje futbolístico del capitán Bryan Ruiz

Actualizado el 04 de julio de 2014 a las 07:02 am

Referente de la Selección Nacional es visualizado como un líder sereno, sonriente pero siempre sin estridencias.

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De Costa Rica a Holanda, el viaje futbolístico del capitán Bryan Ruiz

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Bryan Ruiz anotó ante Grecia. / Archivo
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Bryan Ruiz anotó ante Grecia. / Archivo (AFP.)

Santos, Brasil

Cuando Bryan Ruiz regresó a Holanda en enero de este año lo hizo feliz: volvía al país donde había pasado sus mejores meses como futbolista en la temporada 2009-2010, cuando se proclamó campeón de Liga y máximo goleador con su equipo de entonces, el Twente.

Lo que no sospechaba es que, apenas seis meses después, iba a capitanear la selección que enfrentará a los Oranje en los cuartos de final del Mundial Brasil 2014.

Que Holanda iba a estar este sábado en Salvador era algo que muchos esperaban; que Costa Rica saliera viva del “grupo de la muerte” y se clasificara para los cuartos de final es algo inédito.

“Jugar en Holanda es especial y más jugar contra Holanda en Brasil. Esto para mí es precioso. En los cuartos de final es especial, es enfrentar a los mejores jugadores de Holanda, un sueño para cualquier jugador costarricense”, afirmó Ruiz el jueves en rueda de prensa en Santos.

Además de hacer historia con su país, el delantero lleva marcados dos goles decisivos (el de la victoria contra Italia y el del empate ante Grecia en octavos), así como el reconocimiento al Mejor Jugador del encuentro contra los italianos.

El elegante capitán de Costa Rica salió del popular equipo Liga Deportiva Alajuelense, donde creció como futbolista por el empeño de su abuelo, cuando corría la mitad de 2006. Su primera parada en Europa fue en el Gent belga, desde donde se fue a probar suerte al Twente holandés en 2009.

Más adaptado al fútbol del viejo continente, en Holanda su triunfo fue rápido: su equipo ganó la Liga y él fue el segundo artillero del campeonato, por detrás del uruguayo Luis Suárez, por entonces en el Ajax.

Con 25 años, una hábil pierna izquierda y dos buenas temporadas a sus espaldas, Ruiz se convirtió en una atractiva opción para clubes como el Fulham inglés, que le ofreció en 2011 cuatro años de contrato.

Sin embargo, el paso por Londres no fue fácil y el capitán de Costa Rica nunca llegó a adaptarse plenamente al ritmo de la Premier, una competición demasiado física para este espigado delantero de 1,88 metros y menos de 80 kilos.

Por lo que la opción de traspaso por unos meses al PSV Eindhoven a principios de este año significó para el capitán de Costa Rica un paso atrás para dar impulso a una carrera que no pasaba por sus mejores momentos.

“Tenía mucho tiempo de no gritar un gol, extrañaba la celebración de compañeros, quería volver a dar alegría a los aficionados. Esta anotación fue especial, el primero con el PSV y significó el triunfo, que es realmente lo más importante”, escribió el propio Ruiz en una columna semanal en el periódico Al Día de su país, el 15 de febrero.

“Durante la carrera de celebración de esa diana pensé en esos momentos difíciles que tuve, en mi abuelo, en su recuperación y en lo mucho que lo quiero. Mi abuelo ha sido mi padre, el gestor de mi carrera futbolística”, añadía en referencia a una operación a la que había sido sometido el día de antes uno de los mayores referentes personales.

Justo cuando atravesaba sus momentos más complicados en Europa, Bryan Ruiz hizo de su país y su selección el motor anímico que necesitaba para seguir adelante.

En ese periodo, la selección centroamericana consiguió su clasificación para el cuarto Mundial de su historia como segundos del hexagonal de la Concacaf, por detrás de Estados Unidos.

Y Bryan Ruiz logró hacerse con la confianza del seleccionador de Costa Rica, Jorge Luis Pinto, que le puso al frente del equipo.

Poco dado a levantar la voz, Ruiz se hizo un hueco entre sus compañeros como un líder sereno y sus cuentas en las redes sociales son auténticos diarios de las vivencias de la selección en los últimos años.

Suele aparecer cerca de Celso Borges y Keylor Navas, uno de sus mayores apoyos en el grupo, sonriente pero siempre sin estridencias.

“El optimismo es bueno, la confianza también, pero tenemos que mantener los pies sobre la tierra, no dar nada por ganado hasta no conseguirlo. A nosotros en el grupo nos daban como muertos, pero logramos superar esa desconfianza que nos tenían en el mundo”, escribió el delantero en su última columna, publicada antes del partido contra Grecia.

De momento, la Costa Rica de Ruiz sigue muy viva.

 

 

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