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Columna: La Sele y la vida

Actualizado el 30 de junio de 2014 a las 01:33 pm

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Columna: La Sele y la vida

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En el fútbol pasa como en la vida después de un amor contrariado: uno siempre vuelve a creer.

Todos hemos sufrido por la Sele, que nos ha hecho cada trastada por la que uno sale renegando y jurando que no volverá a ver partido de fútbol en lo que le quede de existencia..., solo para volverse a sentar a ver el próximo juego.

Esta Tricolor versión 2014 nos tiene con el corazón en la boca y en un tamborileo que nunca creí ser capaz de experimentar, sentir y, sobre todo, sobrevivir.

La afición costarricense celebró el 29 de junio el triunfo de su equipo en la fuente de la Hispanidad en San Pedro.
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La afición costarricense celebró el 29 de junio el triunfo de su equipo en la fuente de la Hispanidad en San Pedro. (AFP para LN)

Así es: más partidos como el del domingo mandarían a la quiebra a los cardiólogos y pondrían (más) en tela de duda la educación que recibimos en nuestras casas, porque...¡Qué cantidad de madrazos se dicen en un juego como ese! Acá no importaba. Como bien dijo Celso Borges en uno de eliminatoria: ¡qué parida!

Por dicha, este es el 2014. Existen las redes sociales y como todos tenemos nuestra forma de matar las pulgas, esa fue la mía para calmar la ansiedad. Dicen que las penas con pan son menos, y “conversar” con mis contactos fue la que encontré para soltar la presión de ese juego trabado, enredado, sufrido.

Sin embargo, no importa. La Sele, esa que tantas veces nos ha partido el corazón, la misma que nos ha puesto a soñar otras tantas veces, nos regaló ese domingo 29 uno de esos partidos que uno espera ver una y otra vez, uno de esos que uno espera contar (y rajar) una y otra vez.

Muchos años después, frente a unas generaciones incrédulas, habremos de recordar el día en que Keylor Navas atajó un penal, Michael Umaña metió el último y Costa Rica se coló, con todo el descaro del mundo, entre las ocho mejores selecciones del Mundial. Hasta eriza la piel decirlo de esa manera.

Han pasado varias horas después del juego ante los griegos y la sensación de que la Sele sacudió al mundo, sin exageración alguna, me hacen agua los ojos. ¡Carajo!, es la Sele y se vale.

¿Cuándo se me irá a ir este sentimiento? Sospecho que nunca. Espero que así sea, porque el fútbol es como la vida después de un amor contrariado: uno puede volver a creer y uno se puede volver a enamorar.

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