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Alemania: El triunfo de una generación que no se dio por vencida

Actualizado el 14 de julio de 2014 a las 12:00 am

Alemania necesitó cinco grandes torneos para concretar un trabajo de años

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Alemania: El triunfo de una generación que no se dio por vencida

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Río de Janeiro. Después de una década de diseño, de morir en la orilla al borde de los títulos y de formar a una generación de futbolistas talentosos, el entrenador de Alemania, Joachim Löw, consiguió por fin cerrar por completo un torneo con el cual se consagra definitivamente en la élite del fútbol mundial.

El alemán Bastian Schweinsteiger (7) soporta la barrida de los argentinos Lucas Biglia (izquierda) y Rodrigo Palacio.  | EFE
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El alemán Bastian Schweinsteiger (7) soporta la barrida de los argentinos Lucas Biglia (izquierda) y Rodrigo Palacio. | EFE

Desde 1996, cuando Alemania consiguió su último gran título en la Eurocopa de Inglaterra, la Mannschaft no había ganado nada.

Sumaba un recorrido de 18 años por el desierto de los trofeos, viendo levantar a otros los campeonatos más importantes del planeta. Generaciones de futbolistas iban pasando y todas se quedaban en el limite del éxito.

En los mundiales aún eran peores los registros. Italia 90 fue el último en el que los germanos levantaron la Copa Jules Rimet.

La sequía comenzaba a ser extrema para un equipo acostumbrado a ganar títulos. En algunas ocasiones estuvieron a punto con las finales perdidas del Mundial Corea- Japón 2002 y la Eurocopa Austria-Suiza 2008.

Esa última fue el mayor éxito de una lucha que comenzó en el 2004 con la llegada al banquillo de Jürgen Klinsmann, que se trajo como ayudante a Joachim Löw. Ese año fue el inicio de un trabajo que culminó con la victoria de ayer en la final del Mundial ante Argentina.

Todo lo que tocó Löw casi lo convirtió en oro. Primero, como ayudante, alcanzó las semifinales en el Mundial de Alemania 2006. Italia, futuro campeón, fue el muro que no pudo atravesar.

Klinsmann dejó el cargo y él le sustituyó para afrontar su gran torneo en el 2008, cuando llegó a la final de la Eurocopa. Esta vez España fue su verdugo.

En Sudáfrica 2010, otras semifinales. Y, de nuevo, se cruzó España en el camino. Sin embargo, Löw, que cuando llegó al cargo en 2006 firmó un contrato de dos años, siguió insistiendo. Nunca dejó de intentarlo hasta que lo consiguió.

Cinco intentos. Había creado un estilo que tenía que consagrar. Sobre todo en la última época, la que le encumbró a jóvenes con talento mezclados con un puñado de veteranos. Todos compitieron con un estilo basado en la velocidad, el toque y la verticalidad. Posesión de balón pero con sentido.

Costó ensamblar todos esos criterios en un fútbol acostumbrado a la fuerza, la potencia y la insistencia mezclados con retazos de genialidades individuales.

Como reconoció Schweinteiger en la última rueda de prensa antes de la final, Pep Guardiola y Louis van Gaal influyeron mucho en el estilo alemán.

Los dos moldearon al Bayern de Múnich, el equipo base de la Mannschaft . El primero en el 2009, dándole un toque de fútbol holandés. El segundo está en ello, ha exportado el fútbol del Barcelona y lo ha mezclado con el alemán. Todo eso no pasa desapercibido en la selección, que ha ido recogiendo detalles de ambos.

La fórmula por fin tuvo éxito. Alemania necesitó cinco grandes torneos para concretar un trabajo de años dirigido por un hombre que jamás dejó de creer en él.

Por sus manos han pasado futbolistas que ahora atesoran juventud como Thomas Müller, Toni Kroos, Mesut Özil, Sami Khedira, Mario Götze, Mats Hummels o Manuel Neuer.

Uno a uno han ido asimilando la filosofía de su entrenador que jamás se rindió. Esa palabra no existía en un grupo que siempre creyó en el estilo de su entrenador.

Löw, por cabezonería, consiguió triunfar. La suya fue la victoria de la insistencia que se llevó toda una generación. El remate de Götze, el Iniesta de Alemania, fue el gol de todo un país unido en una idea.

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