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La fiesta de la Maratón de Tamarindo se vivió a lo grande desde muy temprano

Actualizado el 21 de septiembre de 2014 a las 12:00 am

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La fiesta de la Maratón de Tamarindo se vivió a lo grande desde muy temprano

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Maratón de Tamarindo (Adrián Soto H)

Tamarindo Un juego de pólvora pasadas las 4 a. m. anunció a lo grande que estaba por iniciar la Maratón de Tamarindo.

Los guanacastecos salieron de sus hogares para aplaudirle a los 4.500 atletas que tomaron partida ayer en la competencia.

La comunidad playera de Tamarindo, en Guanacaste,  se vio sacudida a las 4 a. m. por un juego de pólvora y la algarabía que acompañó la salida de los atletas en la octava edición de la Maratón de Tamarindo.  |  RAFAEL PACHECO
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La comunidad playera de Tamarindo, en Guanacaste, se vio sacudida a las 4 a. m. por un juego de pólvora y la algarabía que acompañó la salida de los atletas en la octava edición de la Maratón de Tamarindo. | RAFAEL PACHECO

El apoyo de los familiares y curiosos hizo entrar en calor a los participantes a pesar de que el sol aún no decía presente.

Las personas salieron de sus casas para aplaudir la entrega total, desde niños recién despiertos hasta los más grandes de la casa fueron parte de la actividad.

Durante el trayecto el esfuerzo de los corredores tuvo un respaldo total y unísono en cada hogar por el que transcurría la caravana.

Incluso un par de guanacastecos salieron a refrescar a más de uno con una manguera de agua fría. Una vez cumplido el objetivo, los abrazos , los besos y las lágrimas no se hicieron esperar.

“Yo estoy muy conmovido porque a pesar de tener problemas en mis piernas pude completarla. Me preparé fuerte y a pesar del dolor pude lograr lo que me fijé”, dijo Francisco Torrente, de 76 años, quien terminó los 10 kilómetros.

La prueba también se disfrutó en familia, pues Lucía Castro y su padre Bernardo llegaron a la meta fundidos en un abrazo.

“Este es el sexto año consecutivo que hacemos esta prueba juntos. En esta ocasión corrimos los 21 km y nos ayudamos mutuamente. Es muy provechoso correr al lado de mi padre”, comentó Lucía.

Los 26 grados centígrados de pasadas las 10 a. m. y el cansancio acumulado no fueron impedimento para que algunos corredores se fueran a aflojar piernas a la playa.

En Tamarindo, el ambiente fue una mezcla entre sana diversión deportiva y naturaleza, pues alguna que otra vaca, caballo y oveja también quisieron unirse al recorrido de los 42 kilómetros.

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