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Lo arrolló un tren

Actualizado el 24 de abril de 2013 a las 12:00 am

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Buenos Aires

El pasado 1° de marzo nos preguntábamos acerca del Barcelona: ¿Es el final de una epopeya? Acababa de perder dos partidos seguidos ante el Real Madrid y otro ante el futbolísticamente modesto Milan, un Milan obrero y raspador que le ganó con asombrosa claridad 2 a 0.

Luego produjo aquella función fabulosa en la revancha ante el equipo italiano (4-0), como un último episodio magistral y medio mundo, con el diario del lunes, salió a refregar: “¿Cómo... no era que estaba acabado el Barcelona? ¡Qué prensa sensacionalista, te levanta y te hunde!”

Hoy podemos contestarnos aquel interrogante: sí, es el final de un ciclo. Maravilloso, por cierto, inolvidable.

Lo confirmó ayer la impiadosa, casi brutal paliza que le propinó el Bayern Munich, que lo aplastó física, anímica y futbolísticamente. Lo pasó por encima como pasaban las orugas en la guerra, como pisa un elefante un hormiguero.

Pareció decirle: “La pelota tenela vos, el partido lo tengo yo”. El primer tiempo finalizó con un 65% de tenencia de balón por parte del Barça, pero una tenencia impostora, estéril, inocua.

Neuer casi no se tuvo que bañar al final del juego: solo tuvo que mirar el 4 a 0.

Anticipo. Hace tiempo, muchos meses, que el Barcelona no hace ningún daño ofensivo al rival sino es a través de Messi. Y Messi recién ayer por la mañana recibió el alta médica de su desgarro.

En otras condiciones, no hubiese jugado; pero el Barcelona sabe que es impensable ganar un partido de estos sin Leo. No puede de ninguna manera.

Luego se vio: estaba disminuido en lo físico. Recuperado de la lesión, sin aptitud atlética. No pesó y además le pusieron bien cerca al tanque Schweinsteiger (una fuerza y un sentido de la marca excepcionales) y a esa máquina de pegar patadas llamada Javi Martínez, particularmente vehemente y hostil con sus paisanos, muchos de ellos compañeros de selección. A la quinta o sexta entrada fuerte el juez amonestó a Martínez.

Bayern lució físicamente como para afrontar la Tercera Guerra Mundial. Con una mentalidad arrasadora. Cuando el Barça dominaba, estaban los once detrás de la línea de la pelota.

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Varias veces se lo vio a Gómez, su delantero de punta, colaborar en plena retaguardia. Todo era tarea de todos, en ataque y defensa. Atención: al Real Madrid también le hubiese costado parar a esta topadora que fue el Bayern.

Pasa que el Barça viene disminuido por su pésima política de fichajes. Gasta mucho y no refuerza nada.

Uno de los clubes más poderosos del mundo no se puede dar el lujo de perder un titular por lesión o suspensión porque no tiene cómo reemplazarlo: por eso debió jugar Bartra, un chico que está verde para estos trotes. Juega Alexis Sánchez en el Barça...

No se pueden dar ese tipo de ventajas en choques de esta envergadura, que son una suerte de guerras técnicas, físicas y mentales.

No es excusa. Un párrafo para el juez húngaro Víktor Kassai.

No sancionó un clarísimo penal por mano de Piqué, que buscó la pelota en un tiro de Lahm. Iban 0 a 0. El segundo gol del Bayern fue en clara posición adelantada. El tercero de Robben fue una falta superevidente de Thomas Muller a Jordi Alba: lo choca para impedir que Alba marque a Robben. Luego debió expulsar a Alba por arrojarle el balón en la cara a Robben. Tardó en amonestar a Martínez. Y el primer gol de Bayern también puede ser falta de Dante a Dani Alves, se apoyó en él al saltar. Son demasiados errores para cotejos donde se juega tanto.

Los jueces europeos que vemos semanalmente son malos, por no ser cáusticos.

Los fallos, no obstante, no alteran el concepto del partido: el Bayern pisó al cuadro catalán, que tendrá que cambiar muchas cosas a fin de temporada: posiblemente traer otro técnico, contratar dos zagueros de jerarquía y dos atacantes con gol, que puedan asociarse a Messi o, en caso de lesión como ha pasado ahora, suplantarlo. Incluso otro volante con chispa, con ingenio de abrelatas.

Todo eso marcará un ciclo nuevo. Este ya termina: ganar la Liga será un premio consuelo.

Vale reproducir la genial frase de Gary Lineker tras el 4-0: “Uno de estos equipos necesita a Guardiola, y no es el Bayern”.

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De momento tiene 90 minutos para intentar una hazaña. Ya remontar aquel 0-2 del Milan se consideraba poco menos que una proeza; si logra dar vuelta este 0-4 quedaría en los anales del fútbol. El Bayern es el candidato firme al título.

Tiene futbol, jugadores, hambre de gloria, un estado atlético increíble, un sistema defensivo blindado. Además, un equipo con esa moral en este tramo de la competencia, es prácticamente invencible.

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