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Actualizado el 01 de febrero de 2010 a las 12:00 am

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Aunque no lo expresó en forma explícita, yo sí lo pude notar en su mirada, cada vez que la cámara de televisión captó su imagen en el juego entre Argentina y Costa Rica, en San Juan, región fronteriza con Chile, el martes pasado.

De seguro, Diego Armando Maradona –hoy director técnico de Argentina, ayer gloria del futbol mundial– quedó bien impresionado con el talento natural de varias de las figuras ticas que lo enfrentaron en esa ocasión.

Es posible que mientras procuraba ajustar sus propias tuercas, para definir cuáles de los pupilos que probó esa noche le serán útiles en el Mundial 2010, “el viejo Diego” haya dedicado algunos minutos para observar, aunque fuese de reojo, la chispa innata de los Diegos nuestros; léase Diego Estrada y Diego Madrigal.

“Los Diegos” derrocharon talento y calidad a raudales en ese partido; sin olvidar, claro está, el buen trabajo que también desempeñaron Michael Barrantes, Marcos Ureña, Argenis Fernández, Bryan Oviedo y, en general, el conjunto costarricense.

Salió bien librado. Hace una semana, en este espacio, expresábamos nuestra preocupación por la brasa que la Federación Costarricense de Futbol había puesto en las manos de Ronald González.

Seguimos pensando que fue una irresponsabilidad de los federativos. Como se recuerda, el estratega no las tuvo todas consigo, ni siquiera para medio armar el elenco que viajó y enfrentó, finalmente, el serio compromiso.

No obstante, hay que reconocer que Ronald tiene pasta para el puesto. Y continúa subiendo escalas en su trayectoria deportiva.

Sin duda, su imagen se erige, hoy en día, como una firme esperanza del futbol costarricense.

Alienta escucharlo en sus declaraciones. Con humildad y, sobre todo, sensatez, González ha reiterado que lo prioritario para él es continuar con su preparación.

Habla de las horas, de los días y de los meses de estudio que se vislumbran en su camino. Es consciente de las nuevas metas y nos alegra su disposición de ánimo para buscarlas, una por una.

En estos días, he indagado en cada una de las entrevistas que Maradona ofreció sobre el citado juego, pero en ninguna pude ver u oír al “viejo Diego” referirse a los chaparritos de Costa Rica.

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No importa. En su interior, algo habrá sentido al ver las diabluras de nuestros Diegos, tan parecidas a las suyas, cuando era el pibe pobre de Villa Fiorito y el inolvidable Diego de la gente .

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