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¡Once trabajadores por el mismo ideal!

Actualizado el 17 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

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¡Once trabajadores por el mismo ideal!

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Buenos Aires . Emotivo, ilusionante, enorgullecedor, así fue el triunfo de Corinthians en el Mundial de Clubes.

Seis años después de la conquista del Inter de Porto Alegre sobre el Barcelona, el futbol suramericano recupera la corona. Casi diríamos el brasileño.

En las últimas nueve ediciones, solo San Pablo, Inter y Corinthians han logrado arrebatar el trofeo a los europeos.

Las posibilidades económicas de los clubes de Brasil son tan superiores a las del resto del continente que los tornan representantes casi exclusivos.

Hoy, salvo que se cuele Boca o algún otro argentino en buen momento, es así.

Un botón de muestra: Corinthians –para este cronista el equipo más popular de Brasil con amplitud– firmó hace un mes un contrato de publicidad con Caixa Economica Federal por $15,5 millones anuales solo por estampar su nombre en el frente de la camiseta. Fisk y la telefónica TIM figuran en espacios más reducidos de la casaca y aportan otros $7 millones. Total: recibe $22,5 millones solo por ese rubro.

Nike paga aparte por la provisión de indumentaria. “Es el tercer mayor contrato de Nike en el mundo, apenas detrás del Manchester United y el Barcelona”, dice el presidente Mario Gobbi.

Esa potencialidad de mercado fue justamente la que le dio el título: apenas nueve días después de consagrarse campeón de la Copa Libertadores, Corinthians presentó en sociedad a Paolo Guerrero, un refuerzo excepcional, acaso prohibitivo para otros clubes de la región.

El técnico Tite y los directivos sabían que necesitaban un atacante de auténtica jerarquía para potenciar el equipo si es que querían tener algún chance.

Y el peruano hizo los dos goles que le dieron el Mundial: el del 1-0 en semifinal ante el Al-Ahly y el del 1-0 de ayer ante el insípido Chelsea, un equipo desangelado, sin mística. Al menos ayer.

Primer campeón invicto de la Libertadores en 53 años jugando los 14 partidos, Corinthians mostraba además una carta de presentación notable: solo cuatro goles recibidos en toda la Copa. Impresionante seguridad defensiva.

Chelsea ahora sabe que esos ínfimos cuatro goles no son porque sus rivales suramericanos eran malos, sino porque en verdad la defensa corinthiana es de acero.

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Pieza de relojería. El cuadro inglés chocó contra una roca maciza. La obra de Tite es esta pieza de relojería, con tremenda capacidad de sacrificio y de marca, de gran fuerza física, rápido, pragmático, ultradisciplinado y paciente para trabajar los partidos y esperar las escasas opciones de gol que se presenten.

Desde los números, Corinthians es perfecto. Paolo Guerrero vino a darle su toque de distinción. Increíble que un equipo brasileño necesite de un extranjero para aportarle algo de estética. Y de gol.

El resto es un reloj que no atrasa un segundo. Nada hay más alejado del jogo bonito que Corinthians. Marca, encima, presiona, obstaculiza. Es poco menos que imposible “crear” juego ante ella.

No brilla el Timao , pero tampoco pega, no hace tiempo, no especula. Ni siquiera se lo puede tildar de defensivo, pues de ningún modo se abroquela atrás ni cede la iniciativa. Le falta más posesión de balón porque destina gran parte de sus energías en desarticular al rival con presión, dinámica y velocidad.

Y cuando consigue la bola trata de jugarla con seguridad y prolijidad, sin pelotazos. No tiene estrellas: son once eficientes trabajadores de una misma causa.

Lo dice Emerson, su punzante delantero autor de los dos goles en la final de la Libertadores: “No hay un mejor jugador”.

Si no se desarma (y estamos convencidos que no lo hará, porque no tiene necesidad económica ni es la voluntad de la dirigencia), Corinthians debería repetir el título en América. Es supercandidato. Este Mundial de Clubes no es un fin de ciclo para el conjunto paulista. Al contrario, se huele más gloria.

Dentro de esta casi alemana maquinaria, cabe destacar a los dos laterales, los velocísimos y aplicados Alexandre y Fabio Santos; el “8” Paulinho (aventuramos que será el volante derecho de Brasil en el 2014); el centrocampista Ralf, una topadora; el volante-delantero derecho Jorge Henrique, que juega por la banda con incansable y eficaz ida y vuelta; el zurdo Danilo, volante mixto inteligente. Y llegamos a los dos últimos...

Cassio, un arquero para ser campeón. Tapó tres pelotas imposibles, eran goles hechos.

Luego tuvo varias intervenciones más de alto mérito. Se llevó el Balón de Oro. Es un arquero de oro. ¿Por qué no es titular en la Selección Brasileña...? Sólo Luiz Felipe Scolari puede responderlo.

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Las líneas finales para Guerrero, un jugador excepcional. Bravo, picante, brillante, elegante. Inventó dos maniobras en el área chica, sin espacio, sin tiempo, rodeado de enemigos, que sólo él puede imaginar. Y salió airoso. Y marcó los dos goles del campeón en el torneo.

En la época del Independiente glorioso de las Copas, años 70, le preguntaron al Zurdo López, exquisito zaguero, por la importancia del volante Alejandro Semenewicz, una rueda de auxilio para todos. El Zurdo lo resumió así: “Sin el Polaco no solamente no podemos ganar un partido, no podemos ni entrar a la cancha”. Con el debido respeto, lo aplicamos a la selección peruana: sin Paolo, mejor ni presentarse. El mejor futbolista peruano en mucho, mucho tiempo. No ganó el Balón de Oro porque se interpuso Cassio, un coloso.

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