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‘¿Mister, le gusta el 9?’

Actualizado el 27 de enero de 2013 a las 12:00 am

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Buenos Aires

La tempranísima eliminación de Argentina en el Sudamericano Sub-20 (en casa) vació de espectadores el torneo. El hincha albiceleste no quiere pasar ni cerca del estadio. Usual cuando el anfitrión queda fuera de competencia tan rápido. Entonces se ve un hermoso estadio, mundialista , desolado, en el que se escuchan los gritos de los jugadores. Los partidos se tornan casi familiares.

No obstante, en la platea preferencial hay nutrido grupo de señores que observan atentamente el juego, toman nota, intercambian impresiones. Son los representantes de jugadores y los enviados de los clubes europeos que vienen a ver las nuevas promesas para llevárselas. Los hay del Manchester United, del Barcelona, del Real Madrid y de Portugal, Italia, Alemania, Francia, Bélgica, Holanda. También de equipos rusos, ucranianos, turcos, asiáticos...

El virtuosismo sudamericano siempre seduce. Todo el mundo cuenta maravillas de cómo trabajan los clubes europeos en materia de juveniles y habla pestes de las instituciones criollas, pero vienen a buscar jugadores acá. Porque los Messi, los Falcao, los Neymar, los Suárez, Valencias y decenas más son de este lado del agua. Los forman nuestros humildes clubes llenos de defectos, no las extraordinarias entidades plenas de virtudes del viejo continente.

Por si acaso, Messi se fue a probar al Barcelona siendo ya futbolista. Juvenil, pero futbolista. Jugó en Newell's de los 8 a los 13 años. Allá lo mentalizaron, le inculcaron una idea futbolística, le brindaron excelentes profesores y magníficas instalaciones. Lo pulieron, no lo “fabricaron”.

El propio Carles Rexach, quien lo fichó para el Barça, lo reconoce: “Ya a los 13 años se notaba que era un fenómeno”.

Desde luego, La Masía, el centro de formación del Barça, es uno de los mejores semilleros del mundo; sin embargo no fabrica futbolistas. Nadie fabrica talento. Sino harían tres Messis más, cuatro Xavis, cinco Iniestas. Cuando esta camada excepcional pase a retiro, veremos cuándo surge otra igual. Tal vez pasen 50 años. O un siglo. O nunca más. Pasó en el Santos con Coutinho, Pelé y Pepe y no volvió a repetirse. Pareció reeditarse con Robinho y Diego, pero fue un falso positivo. Aconteció en el Ajax con Cruyff, Krol, Rep, Neeskens. Con ellos nació el revolucionario “Fútbol total”, cuando se fueron, terminó la revolución. Ningún ejemplo es mejor que el de los célebres húngaros de los 50, los Puskas, Czibor, Kocsis, Bozsik. La parábola de Hungría en el plano del fútbol mundial no tuvo término medio: fue de NADA a MEJOR DEL MUNDO y luego otra vez NADA.

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Sin jugadores, nadie hace milagros. José Mourinho puede atestiguarlo como nadie: tiene el plantel más caro del mundo y pide refuerzos dos veces por año.

Volvemos al Sub-20... Sentado en una butaca del estadio de Mendoza se escuchan diálogos muy sabrosos. Por ejemplo, alguien le ofrece a un emisario inglés al 9 de Paraguay, o al arquero de Chile, o al zaguero de Colombia.

Lo simpático es que quien lo ofrece no es un dirigente del equipo al que pertenece el pase del jugador, sino un empresario. O bien el representante del chico. Porque ya no hay futbolistas ni de 14 años sin su agente. El club donde milita el juvenil ignora que andan ofreciendo a su jugador. Un señor sin relación con la institución lo ofrece.

Los agentes de jugadores son el único estamento que no aporta un centavo al desarrollo del futbol, no invierte un minuto de tiempo en favor de la actividad de la cual se sirve para hacerse millonario.

Nunca supimos de un representante que haya regalado un juego de camisetas a un club, donado un campo de entrenamiento o contribuido a mejorar un vestuario.

Si el representante o el intermediario consigue comprador, lo demás se arregla. El joven puede declararse en rebeldía, interponer un recurso de amparo, presionar los padres, lo que haga falta. Cuando el jugador decidió irse, se va. Cuando cualquiera de estos jóvenes es tentado para ir a Europa y ganar diez veces lo que percibe acá no razona más y nadie podrá retenerlo.

Aunque cambie un poco la economía de la región, aunque haya crisis en Europa, esta realidad no se modifica. Seguimos siendo el vivero que da vida a la flor, no el jardín que se embellece con ella.

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