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Falcao y Messi, en otra dimensión

Actualizado el 14 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Falcao y Messi, en otra dimensión

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Buenos Aires

El futbol es un juego colectivo, pero el público estalla en millones de partículas felices cuando las individualidades son muy brillantes. Fue lo que sucedió en esta penúltima jornada del año de la siempre apasionante Eliminatoria Sudamericana, la más peliaguda del mundo. Es curioso: el hincha pide que su equipo sea eso: un equipo. Y que los jugadores no pequen de individualistas. Sin embargo, explota de emoción cuando uno de los once se viste de Superman y los salva a todos, incluidos los de la tribuna. Entonces, el pueblo ama, adora, idolatra a la individualidad.

Es lo que está aconteciendo en Colombia con Radamel Falcao García, lo que sucede en Argentina con Messi y, en las últimas jornadas, con Felipe Caicedo en Ecuador.

Primero Falcao. Podría decirse que se encuentra en estado de gracia, pero ¿cuánto hace que atraviesa un estado de gracia Falcao...? ¿Tres años... cuatro...? Los dos goles que le marcó a Paraguay son antológicos: entrada rauda por derecha, amague de remate, freno, el marcador que pasa de largo, enganche hacia adentro y toque suave al ángulo ¡con zurda...! Dos goles con papel carbónico. Y el segundo, más meritorio porque domina la bola mientras aguanta la carga de un zaguero de atrás y le empieza a amagar al de frente.

Con Cristiano, ahí. Pero ya casi no nos sorprende, Falcao, nos está acostumbrando a estas proezas. En el lugar más difícil del fútbol, el área, donde no sobran tiempos ni espacios, donde se nublan mentes esclarecidas, saca de la manga siempre un recurso nuevo para sacudir la red. De derecha, de izquierda, de cabeza, picándola, colocándola arriba, a rastrón, anticipando... Preguntamos humildemente: Cristiano Ronaldo, hoy, ¿es más que Falcao...? Cristiano es un finalizador tremendo, sin duda, aunque con recursos bastante simples: lo habilitan, pica y gana en carrera (es muy veloz) y apenas toma contacto con el balón, patea al arco. Muy bien, por cierto, con ambas piernas, con potencia y dirección. También es bueno en el cabezazo y mortífero en los tiros libres. Sin embargo, no tiene ni por asomo la capacidad de maniobra en el área de Radamel. Llevamos vistas decenas de goles del portugués, ninguno como los de Falcao, el viernes pasado.

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Luego Felipao. Es el nuevo héroe ecuatoriano, una tromba humana cuya evolución es un caso para los anales del fútbol. En la Eliminatoria anterior parecía un elefante en un bazar. Hoy se lleva a la rastra a los marcadores con una potencia casi insólita, pero además juega bien. Y golea. Del producto de sus destrozos deben sacar provecho Christian Benítez y los volantes que pisen el área. Felipao es la llave que abre cualquier defensa. Una transformación increíble.

Tremendo Messi. Está agotando los calificativos, Leo. Ya es un jugador total. Arma juego, elucubra jugadas de ataque geniales, las inicia y las finaliza. Se lo ve cada día más fuerte de la cabeza, más inteligente, más jugador de toda la cancha. En casi todas las maniobras arranca desde el círculo central y llega con potencia a definir. En la Argentina, hasta los defensores de Maradona están tirando la toalla. Este es un genio incomparable con apenas 25 años, con mucha más velocidad, regularidad y gol que el Pibe de Oro. Velocísimo, cerebral, indomable, ultragoleador, regularísimo para ser siempre la superestrella en todos los partidos que disputa, valiente para sobreponerse a quienes lo quieren ablandar a patadas o con amenazas, como los defensas uruguayos.

Si saltan, por abajo. Quedó a sólo 3 goles de Maradona en la tabla histórica de la Selección Argentina: 34 a 31. Lo va a pasar y va a comenzar una nueva caza: la de Batistuta (tiene 56). Es insaciable. Su nuevo gol de tiro libre (¡otro más...!) es para contárselo a los nietos: como sabía que saltarían los de la barrera, quienes además sabían que habitualmente las manda al ángulo alto, la tiró rasante junto al palo y pasó por debajo de los defensores cuando estos estaban en el aire. Gol de genio.

Amarillo, lindo color. Dos trenes amarillos avanzan rumbo a Brasil tocando pito: son la Colombia de Pekerman y Falcao y el Ecuador de Rueda y Felipe Caicedo. Brillante la primera, sobrio y potente el segundo. La nación entera en Colombia está enamorada de su Selección. No es para menos. ¡Qué bien juega! ¡Y qué lindo! (son tópicos diferentes muchas veces). Pekerman ha logrado el afecto y la adhesión de sus jugadores y con ello les arrancó lo mejor de sus capacidades.

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Cuartos, por ahora... Si Chile y Uruguay no reaccionan este mismo martes, la segunda rueda de ambos puede ser angustiosa. En Chile nadie da dos pesos por la cabeza del técnico Borghi. Pasa lo de muchos países: exigencias altas, planteles bajos. Chile tiene menos de lo que muchos piensan. Uruguay parece retroceder en el tiempo. Otra vez todos metidos atrás, pegando y revoleando la bola.

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