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Sopletes y taladros marcaron compás para últimas carreras

Actualizado el 04 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Cuadrillas finalizaban detalles en el Parque Escarré, en La Sabana y en Hatillo

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“¿Durante el día siguen los entrenamientos en el gimnasio?”, preguntó una voz. “Es para ver si podemos poner lo que falta de la malla”.

San José era ayer una comparsa a doble ritmo, un animal hinchado de prisa. Cuadrillas enteras –como esta del diálogo, a cargo del gimnasio de la Ciudad Deportiva de Hatillo– batallaban contra las horas para tener todo listo antes del inicio de los Juegos Centroamericanos.

La Ciudad Deportiva de Hatillo todavía olía a taller de soldadura. En uno de los costados del gimnasio, casa del balonmano por las próximas dos semanas, media docena de hombres levantaba la rampa para silla de ruedas.

“En realidad, los problemas normales que hemos tenido no han sido graves y todas las instalaciones han sido confirmadas por los delegados internacionales”, sostuvo Heiner Ugalde, gerente deportivo de los Juegos.

El punto más crítico de la Ciudad Deportiva eran todavía las canchas de racquetbol, que ayer en la mañana estaban tomadas por cuadrillas que lijaban los pisos y pulían los vidrios.

Finalmente, una reunión técnica a mitad de tarde entre los delegados de cada país y el representante de la Federación Internacional de Ráquetbol le dieron el visto bueno a las instalaciones.

“Todos los jugadores están contentos con la idea de jugar aquí, pues es una cancha de primer nivel”, señaló el entrenador tico, Jorge Rodríguez.

Detalles. El interior del gimnasio del complejo estaba casi finalizado, a excepción de una parte de la red alrededor del campo de juego.

El Parque Antonio Escarré, en barrio San Cayetano, esperaba un remozamiento de las butacas del primer piso, que debían ser reemplazadas con unas idénticas a las nuevas que se colocaron en el resto del estadio. Y faltaban las almohadillas para las bases y una sección de la malla tras el jardín central.

La Sabana, corazón indiscutible de las justas, era tal vez la más calmada. Vendedores de comida y capataces hacían fila para ingresar al Estadio Nacional y, en las afueras, los equipos de los países vecinos estiraban. Solo unas tarimas para espectadores faltaban de ensamblar.

Una de las dudas hasta ahora, la piscina María del Milagro París, quedó reparada y se estaba temperando durante el día, según explicó Ugalde.

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