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Los encuentros de la noche dejaron un buen sabor de boca.

Mauricio Montero y Hernán Medford desempolvan los años dorados

Actualizado el 25 de junio de 2017 a las 06:52 pm

El primer encuentro se saldó con triunfo de 2 a 0, del combinado de Italia 90/Corea-Japón 2002 sobre el equipo de Alemania 2006.

En el partido de fondo, las Estrellas Máster de Costa Rica empataron a tres con las Leyendas de América. Para el cuadro americano anotó Higuita, Hurtado y Dely Valdés; para los ticos, Álvaro Saborío y doblete de Hernán Medford.

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Hernán Medford elude al hondureño Arnold Cruz, en el juego de las Estrellas Máster contra Leyendas de América.

Guima gana de cabeza...¡¡Corre Medford!!...Fonseca remata, rechaza el arquero...¡¡Vamos Medford!!...

Centeno filtra el balón al espacio...¡¡Arranca Medford!!...

La última jugada fue con las Estrellas Máster y finalizó en gol de Hernán Medford Bryan.

Haciendo honor a sus mejores tiempos, el Pelícano se comió las bandas frente a las Leyendas de América, con regates endemoniados y una velocidad que es a prueba del tiempo (tomando en cuenta sus 49 años). Y es que la memoria del aficionado no falla, porque cada vez que tocó el balón, salió ovacionado.

Su primera jugada fue de lujo: recibió un pase un poco largo y decidió levantar el ánimo del estadio haciendo la famosa 'jugada del tonto', ganando línea de fondo y provocando la primera llegada del equipo con un centro a media altura que atrapó Higuita sin complicaciones.

"Bueno –expresa Medford sonriente– algo quedó de la técnica, aunque sea un poquillo. Además, esto es una fiesta, es juntar jugadores muy buenos para una causa, hay que disfrutarlo".

Es evidente la mejoría física que ha experimentado el actual técnico del Herediano, pues mantuvo el ritmo durante los 45 minutos que jugó. Muy diferente fue hace unos años en un partido frente a las Estrellas Máster de Holanda, cuando después de su primera descolgada, de 25-30 metros, pidió cambio por falta de aire, protagonizando la nota graciosa de aquella tarde, pues recién ingresaba al campo.

El idilio entre el Pelícano y los aficionados quedaría esta vez sellado con sus dos anotaciones, una de penal, y la otra después de aquel pase de Paté que puso a Hernán, otra vez, a correr a la espalda de los defensas con un único objetivo: clavar un dardo de felicidad en el fondo de las piolas.

Al medio tiempo, Odir Jacques mandó a Medford a las duchas, pero no podía dejar huérfana a la afición, que se quedaba sin su jugador mimado, así que decidió enviar al terreno de juego a Mauricio "el Chunche" Montero, y la historia fue casi la misma, pero no igual.

Mauricio El Chunche Montero no necesita correr demasiado para ganarse los aplausos de la gente cada vez que toca el balón.

Mauricio no tiene la velocidad de Hernán, ni el regate endemoniado; se nota pesado, pero le sobra carácter, la pasión y una honestidad con el fútbol que lo ubican dentro de los preferidos de una afición a la que, si es por él, no le importan los colores. El Chunche es del pueblo y al Chunche le aplauden y le gritan.

"Diay, se me erizan los pelos, como dice uno, porque es un cariño muy leal. Creo que le reconocen a uno la lucha y el sacrificio que hizo cuando jugó fútbol. Yo siempre he respetado a las diferentes aficiones, cuando tengo que celebrar lo hago muy tranquilo y cuando me ganan reconozco que me ganaron bien" contó un Montero muy emocionado.

El Chunche no nació en cuna de oro, tuvo que luchar mucho para conseguir todo lo que tiene y todo ese esfuerzo, como el mismo lo reconoce, es lo que le ha valido el cariño incondicional de la gente.

"Yo hasta los 13 años me puse mi primer par de zapatos, comprábamos carne y la poníamos desde el sábado hasta el otro sábado. A veces no había que comer y había que repartirse una tortilla o un pedazo de pan; entonces, todo eso le acuerda a uno y uno siempre está anuente a ayudar, más que todo si son niños" dijo Mauricio como corolario da una gran noche con fines benéficos para la Asociación Pancitas llenas.

El talento más allá del retiro. Jugadores como Wálter Centeno, quien tiene un romance con el balón, Alonso Solís, escurridizo y habilidoso, Kurt Bernard, con su zurda educada, y Luis Quiros, con sus tres pulmones, engalanaron una jornada de reencuentros y buen fútbol, pues demostraron que el dicho "lo que bien se aprende, no se olvida" es una realidad.

De barba tupida y una seguridad encomiable sobre el césped, Jose Luis "el Cocha" Alfaro fue otro claro ejemplo de que el talento no se pierde; solo se herrumbra. Sin embargo, este fino zurdo fue de lo mejor que dejó el primer encuentro, pues dirigió a su equipo como un gran arquitecto.

"Yo trato todos los días de ir al gimnasio, de correr. Cuando dejé de jugar me dediqué a lo que estudié, análisis finaciero, y eso me ha permitido ser solvente para poder continuar haciendo actividad física. En mi trabajo paso muy sentado y el deporte es mi manera de botar estrés", explicó el Cocha Alfaro.

Richard Smith, la Pantera, fue otro de los que mostró sus cualidades, aquel desequilibrio y velocidad que mareaban a los defensas. Para él, recordar es vivir, por lo que se encuentra muy agradecido de poder tener la salud para participar de esta fiesta. Además, el propósito de la actividad es muy significativo para él.

"La gente conoce la gloria pero no conoce la historia. Cuando yo tenía 12 años andaba descalzo en una alameda de Hatillo 7, tocando puertas para ver si les hacía un mandado a cambio de una peceta para poder comer. Ahora que uno está en esta posición lo menos que puede hacer es ayudar, dentro y fuera de la cancha, para recolectar para los que necesitan", enfatizó Smith.

En el bando de los extranjeros, Higuita se robó todas las miradas por sus grandes atajadas y, porque no, por su historia, aunque no se puede dejar de lado la calidad que mostraron jugadores como Amado Guevara, el cerebro del equipo; Eliseo Quintanilla, el desequilibrio; Iván Hurtado, la seguridad; o Julio Jirón, el ida y vuelta.

Jorge Dely Valdés concretó un gol de lujo, elundiendo al portero, primero, y al zaguero, después, con regate,   amague y toquecito al arco vacío. Entonces volvió a disfrutar del fútbol, lejano a aquella eliminación de Panamá contra Estados Unidos, con él como técnico. Solo la describe como cuando "tienes algo en la mano bien sujeto, la cierras y cuando la abres ya no hay nada". Lo bonito de la noche es que jugadores, el mismo Dely, entrenadores, aficionados y organizadores atraparon el sentimiento de alegría, cerraron la mano y cuando la abrieron, aún seguía ahí. 

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