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Brasil tendrá una primera prueba para el Mundial

Actualizado el 15 de junio de 2013 a las 12:00 am

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Brasil tendrá una primera prueba para el Mundial

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Un verdadero examen vivirá Brasil a partir de hoy, cuando el balón comience a rodar en la novena edición de la Copa Confederaciones.

No será una prueba exclusiva para medir el rendimiento de una selección desprestigiada en la actualidad, que tiene la obligación, sí o sí, de ganar el Mundial que se llevará a cabo el próximo año.

Se trata también de evaluar la capacidad organizativa de una nación que asumió el reto de ser sede de la máxima cita futbolística del orbe y de los Juegos Olímpicos del 2016.

Desde el 30 de octubre de 2007, cuando la FIFA designó al país suramericano como anfitrión de la vigésima Copa del Mundo, los problemas y las dudas estuvieron a la orden del día.

Incluso, cuatro de los seis inmuebles que albergarán los encuentros de la Copa Confederaciones fueron entregados a destiempo.

Las labores de remodelación del estadio más emblemático, el Maracaná, duplicaron el costo estipulado en principio, lo cual generó indignación en los ciudadanos más preocupados por los flagelos sociales del país.

Además, las obras en el escenario de Río de Janeiro se detuvieron en múltiples ocasiones por las huelgas de los trabajadores a cargo, quienes reclamaron mejoras a sus condiciones.

El tema de la infraestructura deportiva logró ser resuelto a tiempo, pero el de transportes vivió una historia distinta.

Los aeropuertos de los estados brasileños que serán sede de la Copa Confederaciones registran un elevado congestionamiento, no hay un servicio de tren para los pasajeros y las carreteras no están en las mejores condiciones.

Ni siquiera las medidas paliativas parecen suficientes para satisfacer la demanda que habrá en la Copa del Mundo, cuando más de tres millones de viajeros (nacionales y extranjeros) sigan a su selección favorita.

Sin cartel de favorito. Si montar el escenario para ser sede de tres competencias le costó sudor y sangre a Brasil, mucho más trabajo le llevó armar un equipo que pudiera competir con los campeones de las seis confederaciones y el monarca del mundo.

La Canarinha no se puede permitir una decepción más para su afición, luego del doloroso recuerdo que provoca el juego final del Mundial de 1950, el cual perdió 1-2 contra Uruguay.

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Sin embargo, pocos confían en el nivel de una selección que recurrió a un cambio de timón en el proceso y que ocupa el puesto 22 en el ranquin de FIFA, el más bajo de su historia.

La falta de un definidor es evidente en el conjunto de Luiz Felipe Scolari, quien apenas pudo ganar dos de los siete compromisos que dirigió en 2013.

El cartel de favorito lo portará España, pues arriba como monarca de Europa y del mundo, con la mejor generación de futbolistas que tuvo La Roja .

Un peldaño más abajo aparecen Uruguay y México. Ambos viven horas de incertidumbre en su ruta a Brasil 2014, por lo que la Copa Confederaciones surge como la ocasión idónea para brindar una alegría a sus parciales.

Italia es, como en todos los torneos, una incógnita, aunque se beneficiará de una camada de jóvenes talentosos.

El campeonato lo completan las representaciones de Nigeria, Japón y Tahití, siendo los oceánicos favoritos a contar sus partidos por goleadas en contra.

La selección que resulte ganadora del cetro podrá disfrutar de un premio de $4,1 millones, cifra que se incluye dentro de los $20 millones que destinó la FIFA para las ocho selecciones que participarán en el certamen que sirve de laboratorio para la Copa del Mundo.

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