Por: Mercedes Agüero, Camila Salazar 1 marzo

Cuidar las áreas verdes y sembrar rosas en los jardines del Poder Judicial podría ser un trabajo tentador.

Si la escogencia de ese empleo dependiera únicamente del salario devengado al final de mes, muchos optarían por cuidar las flores antes de ocupar una plaza de técnico en algún ministerio.

¿Cuál es la razón? Aunque para ser jardinero se requiere tener únicamente la primaria completa, el Poder Judicial remunera ese puesto con un salario base de ¢398.600. Si la persona tiene, por ejemplo, cinco años de experiencia, recibirá adicionalmente una anualidad de ¢51.020 . A su vez, solo por el hecho de pertenecer a ese poder de la República al jardinero se le acredita el incentivo de la Responsabilidad por Ejercicio de Función Judicial, el cual le suma otros ¢39.860.

También los empleados judiciales reciben un monto adicional conocido como Índice de Competitividad Salarial (ICS). Para el jardinero eso representa ¢45.809 al mes. Los tres montos sumados a la base, elevan su sueldo mensual a ¢535.290.

Por el contrario, un técnico en informática con la misma experiencia del jardinero, que labore para cualquier ministerio del Gobierno Central recibe un salario base de ¢307.500 más ¢32.860 de anualidad. Eso le permite recibir, a final de mes, un salario de ¢340.360.

Es decir, el responsable de limpiar y dar mantenimiento a computadoras y equipos informáticos en cualquier ministerio, gana ¢194.930 menos que el jardinero judicial.

La diferencia se ensancha si la comparación se hace con puestos como fontaneros o mecánicos. Por ejemplo, el encargado de limpiar o arreglar tuberías en el Ejecutivo gana en total ¢288.560, es decir, menos que el salario base del jardinero.

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