Terapeutas dicen que llamar la atención a quienes lo padecen, empeora el cuadro

 3 noviembre, 2014

El Comercio. GDA La tartamudez es un trastorno de comunicación que afecta a cuatro de cada 100 niños en Estados Unidos, según un estudio de la Fundación Americana de Tartamudez, con sede en ese país .

La disfemia, también conocida como tartamudez, se caracteriza por las interrupciones del habla que se producen involuntariamente. Muchas veces, estas se acompañan con tensiones musculares en la cara o tics nerviosos.

La investigación mostró que el 60% de las personas que sufre este trastorno, tiene a un familiar con alteraciones del lenguaje. | NYT PARA LN.
La investigación mostró que el 60% de las personas que sufre este trastorno, tiene a un familiar con alteraciones del lenguaje. | NYT PARA LN.

Cecilia Castro, terapista del lenguaje, explica que existen tres tipos de disfemia, estas son: tónica, clónica y tónica-clónica. La primera es aquella en que la persona se traba al inicio de las oraciones; la segunda cuando la interrupción se da en medio del relato y la tercera es una combinación de ambas.

Según los expertos, no hay una causa específica de este trastorno, pero, en el 2010, un equipo de científicos descubrió tres genes asociados con la tartamudez ya que se ha identificado que este problema suele ser familiar.

Castro atribuye esta prevalencia a que los niños siguen el ejemplo de sus padres; es por eso que si el adulto sufre de tartamudez, el niño podría imitar esta forma de comunicación, aunque no es algo que siempre se repita.

Además, explica que la tartamudez producida a raíz de su presencia en la familia es conocida como un factor predisponente. También existen los factores desencadenantes como los traumas emocionales.

Los datos de la Fundación Americana de tartamudez indican que el 60% de las personas que sufre este trastorno, tiene a un familiar con alteraciones del lenguaje.

Esta empieza entre los tres y cinco años donde se produce una disfemia evolutiva que es normal en los menores a esta edad.

Es por esto que la terapeuta insiste en que no se debe llamar la atención a los niños si presentan trabas al hablar en esta etapa ya que esto empeorará la situación desencadenando una disfemia crónica y afectará su autoestima.

El estudio también reveló que un 5% de los niños entre los dos y cinco años transitan por un periodo de tartamudez o disfluencias del habla. De esta cifra, las tres cuartas partes se recuperan cuando concluye esta etapa.

Si el problema persiste desde los cinco años en adelante, los padres deben acudir a un especialista para poder manejar la situación. El tratamiento debe incluir la ayuda de psicólogos y terapistas.