También puede hacer más lento el metabolismo

Por: Irene Rodríguez 14 junio
En un día normal, Esteban hace seis tiempos de comida. En su fanpage detalla todo lo que llega a comerse en cada plato.
En un día normal, Esteban hace seis tiempos de comida. En su fanpage detalla todo lo que llega a comerse en cada plato.

En medio del ajetreo diario, estar puntual en el trabajo, luchar con el tránsito y cumplir labores de estudios y del hogar, "saltarse" alguna comida o retrasarla parece ser una práctica común para muchos.

Sin embargo, esta es una opción poco saludable que puede aumentar los niveles de azúcar en sangre y hacer el metabolismo más lento. También podría generar problemas en la absorción y el procesamiento de la grasa.

Estas fallas comienzan cuando el retraso es mayor a tres horas y se agravan cuando supera las cinco.

Así lo señalan los resultados preliminares de un estudio de la Universidad de Surrey, en Gran Bretaña, publicado en la revista Current Biology.

"Tiene que ver con nuestro llamado reloj biológico interno o ritmo circadiano. Cinco horas sin comer retrasan cinco horas los ritmos internos del azúcar en sangre. Nunca creímos que fuera tanto, supusimos que iba a darse un retraso, pero no tan significativo. Además, no deja de ser curioso pues esto no sucede con los triglicéridos en sangre ni con otros componentes, estos permanecen igual. Todavía tenemos pendiente averiguar las razones", explicó en un comunicado de prensa Jonathan Johnston, uno de los investigadores.

El estudio. Esta es la primera etapa de una investigación mayor. Para esta fase inicial se tomaron en cuenta solo diez personas –para estandarizar métodos y luego ampliar con más individuos–. Todos los participantes eran mayores de edad y no tenían problemas severos de salud.

Durante 14 días, los seleccionados recibieron tres comidas (desayuno, almuerzo y cena) con la misma cantidad de nutrientes y de calorías, pero en lugar de que se alimentaran cada tres horas con una merienda (como es lo debido), estas fueron eliminadas y se retrasó un mínimo de cinco horas el espacio entre una comida y otra.

Una vez que terminaron esa rutina, se les sometió a exámenes de laboratorio durante 37 horas. Ahí se observaron los niveles de los distintos componentes de la sangre y se les sometió a prueba su ritmo circadiano, en el que se analizaron también horas de sueño, patrones de actividad durante el día y otros aspectos.

Así fue como los investigadores pudieron ver que el metabolismo era menor en cuanto mayor separación de tiempos de comida había y los niveles de azúcar en la sangre no trabajaban igual.

Los científicos también encontraron que un gen llamado PER2 se relacionaba con el ritmo biológico, y que estuvo ligado a enlentecer en cerca de una hora el proceso funcional en los tejidos grasosos.