Esto podría afectar salud a mayor escala a largo plazo o provocar muertes prematuras

Por: Irene Rodríguez 28 mayo
Para calcular el IMC lo primero que debe hacer una persona es pesarse en una báscula. Luego, dividir su peso entre su estatura en metros, elevada al cuadrado.
Para calcular el IMC lo primero que debe hacer una persona es pesarse en una báscula. Luego, dividir su peso entre su estatura en metros, elevada al cuadrado.

Desde hace varios años, diversos estudios científicos explicaron cómo la obesidad impacta en la salud cardíaca de adultos y adultos mayores, pero no se había explorado el tamaño del impacto del sobrepeso u obesidad en niños y adolescentes.

Con esto en mente, Kaitlin Wade, investigadora de la Universidad de Bristol en el Reino Unido, estudió la base de datos de el Estudio Longitudinal de Padres e Hijos Avon (Alspac, por sus siglas en inglés), para ver si encontraba información que pudiera ayudarle en su investigación y encontró que el músculo cardíaco ya sufre daños a los 17 años.

El estudio Alspac, también desarollado por la Universidad de Bristol, tomó en cuenta la información de 14.500 mujeres, sus parejas y sus hijos, entre 1990 y 1999 y les da seguimiento incluso al día de hoy, por lo que hay datos nuevos constantemente.

Wade y su equipo tomaron en cuenta, como primer grupo de estudio a jóvenes entre los 17 y 21 años. Luego extrajeron la información referente al índice de masa corporal (IMC, la relación entre el peso y la estatura de la persona), su genética -para averiguar quiénes tenían algún tipo de enfermedad que los predispusiera a problemas de obesidad o del corazón-, sus niveles de triglicéridos y colesterol en sangre, y la función de su corazón.

Los resultados

Los investigadores vieron que los jóvenes analizados ya tenían hipertensión arterial. Además, los análisis de sus corazones mostraron que ya había una mayor densidad en el ventrículo izquierdo. El grosor del ventrículo (también conocido como hipertrofia ventricular) indica que el corazón debe hacer un mayor esfuerzo para poder bombear la sangre. Esta condición es un factor de riesgo para enfermedades cardíacas más serias en un futuro.

Esta anomalía se observó en todas las edades. La agresividad de la condición no estaba relacionada con la edad del muchacho, pero sí con el tiempo que llevaba de ser obeso. Cuantos más años había convivido la persona con la obesidad, mayor el era el daño al músculo cardíaco.

Los científicos no encontraron; sin embargo, diferencias en el ritmo cardíaco causadas por la obesidad. Los latidos del corazón tenían el mismo rango de quienes no tenían la enfermedad. Empero, el reporte destaca que solo el hecho de que el músculo cardíaco deba hacer más esfuerzos para alcanzar el ritmo de latidos normal, ya es señal de alarma.

"Creemos que hay un mensaje claro en las conclusiones de nuestro estudio: y es que debemos hacer los esfuerzos que sean necesarios para combatir la obesidad desde edades tempranas. Es cierto que hay enfermedades de tipo genético que pueden complicar tener el peso bajo control, por lo que debemos darle mayor vigilancia a esa población", dijo Wade al presentar, este sábado, su estudio ante la Asociación Europea de Genética Humana.

La especialista también hizo un llamado a no fijarse solo en el peso del menor, también en cómo están sus niveles de triglicéridos y colesterol, cómo es su alimentación, procurar que haga ejercicio suficiente y que no tenga contacto con el tabaco.

¿Qué sigue?

Esta publicación es apenas el inicio de una investigación mayor acerca del impacto del sobrepeso y la obesidad en los jóvenes. Wade y su equipo ya trabajan en cómo la obesidad en estas edades puede alterar la microbiota (las bacterias que viven en el sistema digestivo) y cómo esto podría afectar la salud. Para este análisis, también usarán datos de un estudio con la generación que nació en 1946 y a comparar las cifras.