Por: Irene Rodríguez 6 julio, 2014

Su trabajo y sus estudios como oncólogo y urólogo lo llevaron a ser el principal investigador de la vacuna contra el cáncer de próstata desarrollada por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), de Camagüey, Cuba.

Mas para Humberto Rodríguez Bueno, esta vacuna no es la única arma contra los tumores de próstata, el tipo de cáncer más común entre los hombres de América Latina y uno de los más mortales (en Costa Rica, es el que más muertes causa).

El especialista cubano destaca que, mientras el machismo siga permeando la cultura latinoamericana y el hombre no admita hacerse un tacto rectal, no reconozca que tiene problemas al orinar y no esté dispuesto a seguir un tratamiento en que se elimina la testosterona, será difícil ganar esta batalla.

La vacuna que investiga ya culminó la fase II de ensayos clínicos (la segunda de tres fases, en la que se prueba el fármaco en personas que tienen la enfermedad y se miden la eficacia y la respuesta del tratamiento).

Rodríguez reconoce que aún no hay fecha para la vacuna, pero asegura que “va por buen camino”.

Este es un extracto de la entrevista que brindó a La Nación .

¿Por qué es importante desarrollar una vacuna contra el cáncer de próstata?

Es uno de los tumores más comunes y más mortales en todo el mundo. Aquí, en el continente americano, la incidencia es todavía más alta y requiere atención. Pese a todos los avances en tratamientos médicos, los casos siguen aumentando. Por eso, debemos trabajar en hallar respuestas.

Esta no es una vacuna preventiva sino una vacuna terapéutica. Se le pone a personas que ya tienen la enfermedad. ¿Por qué?

Todavía no se ha llegado a una forma de crear un fármaco para prevenir la enfermedad. Esta vacuna es principalmente para los casos avanzados, pues la mayoría de tumores se diagnostica en fases tardías.

¿Cómo funciona la vacuna?

Es una especie de castración química en la que los niveles de andrógenos –en este caso, la testosterona, que es el andrógeno más importante– se van eliminando.

”Las células de la próstata son androgenodependientes, es decir, necesitan de la testosterona para reproducirse y crecer. Así pasa con el cáncer: las células tumorales requieren testosterona para reproducirse y crecer. Si se elimina la posibilidad de obtener testosterona, se evitará el crecimiento y replicación del tumor.

”Entonces, la vacuna elimina químicamente los generadores de testosterona. Hasta el momento, ya hay buenos resultados en sobrevida y calidad de vida de los pacientes que han sido sometidos al tratamiento; pero hay que esperar más tiempo porque apenas ha pasado año y medio desde que aplicamos la vacuna en fase II”.

¿Tienen una idea sobre cuándo pueda estar lista la vacuna?

Primero, debemos hacer la fase III del ensayo y todavía no tenemos fecha de inicio. Esto debe hacerse con todos los permisos del gobierno y los controles que la fiscalía de las autoridades sanitarias impone.

”Pero aunque no haya fecha, sabemos que la vacuna va por buen camino y que será de mucho beneficio para los pacientes. Esto no es lo único; hay otros tratamientos, mas esta será una muy buena opción.

”Sin embargo, la vacuna no lo es todo. Lo más importante es la detección temprana y eso es algo que cuesta mucho conseguir”.

¿Por qué cuesta tanto?

Por el machismo. Cuesta mucho que los hombres visiten a un doctor, y cuando lo hacen, cuesta mucho que quieran cuidar su próstata. Muchos se niegan al tacto rectal, y créanme, ningún examen de sangre para determinar antígeno prostático va a sustituir el tacto rectal. Es necesario.

”Además, si se ven problemas en la próstata, muchas veces se debe bajar el nivel de testosterona y esto conlleva problemas de erección o de falta de libido que no le gustan a los hombres. Podrá no gustarles, pero es para su salud.

”Por machismo, el hombre va al médico cuando ya es muy tarde”.

¿Qué señales pueden hacer sospechar a un hombre de un problema de próstata?

Dificultad para comenzar a orinar y disminución en la calidad y cantidad del chorro de la orina. También debe tomarse en cuenta que la edad es un factor de riesgo. Después de los 50 años, es recomendable un tacto rectal por año.