Por: Irene Rodríguez 17 abril, 2016

Boston. Con solo ingresar al salón de clases, se confirma que en la Escuela Primaria Rusell, en Boston, Estados Unidos, los estudiantes son protagonistas.

Los niños, de cuatro o cinco años, pasan de una estación de juego a otra con la guía de su maestra, pero ellos escogen qué hacer: unos dibujan y otros pintan letras y números. A pocos metros, cinco menores se sentaron alrededor de su teacher; ella entonces emite sonidos de una letra y los alumnos intentan adivinarla y la escriben en pequeñas pizarras.

En el llamado “rincón del agua”, la maestra asistente les pregunta a los pequeños por qué algunos objetos flotan y otros no y oye sus conjeturas.

Al mediodía, todos se reúnen para oír un cuento; primero tratan de adivinar qué pasará con solo ver los dibujos. Luego, mientras leen, la educadora explica el nuevo vocabulario.

Todos los estudiantes hablan un inglés fluido, pero provienen de hogares donde sus papás no manejan ese idioma, pues su lengua materna es el español.

El secreto: una maestra de origen mexicano que domina el inglés y el español y que deja que cada niño aprenda a su ritmo.

Para Tamara Blake-Canty, directora de la escuela, el alumno debe ser protagonista y los docentes deben tener un plan para potenciar talentos.

“Si es en deporte, hay convenios con escuelas deportivas que dan clases gratuitas; si es en música, contactamos a los promotores de la zona; ya hay violinistas y pianistas en potencia; si es en letras, los motivamos a crear sus historias; y si es para Matemáticas o Ciencias, se les dan mayores retos”, explicó la educadora.

El apoyo de los padres es vital. La escuela tiene un proyecto de voluntariado de papás que, según su horario, participan en las clases, ayudan en el comedor, o reciben a los niños que llegan. ¡Los niños son los ganadores!