Médico realizó primer trasplante total, que incluyó párpado y sistema lacrimal

Por: Irene Rodríguez 9 agosto, 2014

A finales de junio de 2010, el francés especialista en microcirugía plástica Laurent Lantieri, en aquel entonces de 49 años, logró lo que la ciencia médica no había logrado: trasplantar por completo un rostro humano, con piel, nariz, mandíbula, párpados, pestañas y lacrimal.

Hoy, con una técnica perfeccionada, Lantieri es una autoridad en el tema y es buscado para dar numerosas charlas a especialistas. La última la realizó ayer en el Hospital San Juan de Dios, donde explicó lo complejo de un trasplante como este, pero lo trascendental que resulta para la vida de los pacientes.

“No es algo sencillo. En todos los casos vemos infecciones y algún tipo de rechazo, por lo que el paciente debe estar bajo estricta vigilancia médica para evitar complicaciones, pero en casos donde la cirugía reconstructiva falla y llega a sus límites, esta es la esperanza”, explicó a La Nación ayer Lantieri.

Técnica compleja. Aunque los recursos para este procedimiento son los mismos necesarios para un trasplante más sencillo –como el de riñón–, su realización es mucho más compleja.

Solo el hecho de extraer la cara del donante demora entre cinco y siete horas, cuando una extracción de riñón puede realizarse en solo 45 minutos. Esta parte debe llevarse a cabo con el donante en muerte cerebral, pero su corazón debe seguir latiendo, de manera que se mantengan las condiciones en los tejidos faciales.

Luego de extirpar la cara, el donante recibe una prótesis o máscara para que su familia pueda sepultarlo sin que esté desfigurado.

La duración del procedimiento varía en si el trasplante es total o parcial, si es en la parte inferior o superior de la faz, si incluye la nariz y hasta de las similitudes en las proporciones de la cara entre el donador y el receptor, pero puede abarcar entre las 12 y las 36 horas.

Los cirujanos deben después acomodar el nuevo rostro para que calcen la piel, ojos, mandíbula, lengua, mejillas y otros tejidos trasplantados. La parte más difícil es la conexión de los vasos capilares y de los nervios, que permitirán el paso de la sangre y la sensibilidad.

La posibilidad de rechazo es mayor que en otros órganos, por lo que los médicos tienden a dar hasta seis medicamentos inmunosupresores, lo que evita el rechazo, pero también tiene un punto negativo, pues como estos fármacos “bajan las defensas” es más fácil que el paciente se exponga a infecciones y otras enfermedades.

Ventajas. La función de un trasplante de cara no es meramente estética ni de calidad de vida, en el caso de algunas personas, su lesión o enfermedad les impedía comer, hablar normalmente o pestañear.

A esto debe añadirse el rechazo social que muchas personas con su rostro desfigurado reciben.

“Los pacientes no siempre quedan con un rostro bellísimo, pero sí es uno que les permite ir llevar una vida normal, como la que no tenían antes del trasplante. El primer trasplantado total, que tenía múltiples tumores en la cara (la enfermedad “hombre elefante”), ya trabaja como contador, antes no conseguía trabajo”, manifestó Lantieri.

¿Cuál es el futuro de estos trasplantes faciales? Lantieri espera que la medicina reconstructiva avance lo suficiente como para que cada vez sean menos; sin embargo, en caso de que sea necesaria esta opción, los equipos están cada vez más capacitados para hacerlos con más detalle, con mayor precisión y con mayor calidad.

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