7 junio, 2014

María Mercedes de la Fuente

Experta en coaching

“No le hablo porque si lo hago, lo hiero”, “voy a la fuerza o no voy”, “me hago el fuerte porque si no, me derrumbo” , “no opino porque podría decir algo tonto”.

En los setenta, el médico y psicólogo Aaron Beck, padre de la terapia cognitivo-conductual, investigó los “trucos mentales” que podemos hacernos de manera consciente o inconsciente y nos llevan a pensar que sólo tenemos dos opciones para tomar, es decir, “pensar en blanco y negro”.

A esto él llamó lo llamó “distorsiones cognitivas”. Más adelante, otros estudios demostraron los efectos negativos de este tipo de estas distorsiones desde el estrés y el enojo hasta la depresión.

Se descubrió que pensar que la vida, las personas, las ideas, o las circunstancias son buenas o malas, tiene el efecto de hacernos sentir atrapados entre extremos. Esto podría conducirnos a tomar decisiones también extremas como no hacer nada, por ejemplo, no tomar una decisión, no acercarnos del todo a una persona, no poner sobre la mesa lo que pensamos o sentimos sobre algo, o por otro lado, hacer cosas que, al ser extremas, nos generan estrés como tener una conversación donde decimos más cosas negativas que lo que en realidad pensamos o hacer algo que realmente no queremos hacer.

Un mecanismo que puede ayudarnos a replantear esta perspectiva es el de pensar en “grises”. Eso se hace al buscar evidencias de cosas en esta persona o situación que no son completamente malas o completamente buenas, es decir, buscando formas de conversar que no sean callar completamente o pelear como por ejemplo negociar, o hablar menos pero a la esencia de lo que quiero o, darme permiso de llorar y ser vulnerable sin derrumbarme completamente.

Otra forma es pensar en múltiples opciones. Por ejemplo, entre ir y no ir a algún lugar, podría haber opciones como ir y venirme temprano, o no ir hoy pero ir otro día, no hablar hoy que estoy alterada (o) pero hablar mañana, en otro lugar.

Y finalmente, está la posibilidad de pensar en la “ruta alterna” en la que podemos tomar lo mejor de los dos extremos y generar una solución distinta. Por ejemplo, en vez de ir a la fuerza a un sitio, pensar qué sí me motivaría de ir, qué está en mis manos agregar a esta ida, por ejemplo, ir con alguien más.