Altibajos de cuatro emprendedores ilustran cómo crear un negocio y mantenerlo

 21 abril, 2014

Como nunca, el ciclista tiene hoy más formas de mostrarse cuando circula: cascos naranja fluorescentes, capas reflectoras, bocinas que imitan las de los carros y sistemas de iluminación con láser rojo que, proyectado hacia abajo, crea un carril virtual.

No obstante, hasta hace poco, no existía método efectivo para iluminar todo el marco de las bicicletas.

“Las luces de la bicicleta brillan hacia el camino, pero no a la bicicleta misma”, dice Zach Schau, cofundador de Pure Fix Cycles. Hace dos años, su compañía de Schau superó el obstáculo creando bicicletas que brillan en la oscuridad.

“Nuestra bici es, de hecho, la luz misma”, afirma el empresario.

A Pure Fix Cycles la establecieron Schau, su hermano menor, Jordan, y dos de sus amigos de la infancia, Austin Stoffers y Michael Fishman, en 2010. Se les ocurrió el concepto de la empresa cuando los tres aún eran universitarios. Su historia brinda lecciones para emprendedores que planean empezar una carrera abriendo un negocio.

En el otoño de 2010, Stoffers y Fisherman, en último año en la Universidad de Wisconsin en Madison, pensaban en ideas al mismo tiempo que buscaban bicicletas baratas para desplazarse a sus clases.

En su búsqueda, se toparon con bicis con piñones fijos, o “fixies”.

Son bicicletas de una sola marcha en las que los pedales están siempre moviéndose cuando la máquina avanza. El pedaleo es constante, pues, mientras la rueda trasera gire, cadena y pedales girarán siempre juntos. Por eso, en las “fixies” se puede frenar pedaleando a la inversa, andar marcha atrás.

Las “fixies” eran caras entonces: de $700 a $1.200.

Stoffers y Fishman, hoy de 25 años, estaban convencidos que podían hacer y vender versiones de las “fixies” por menos de la mitad.

Encontraron un fabricante en Asia que podía hacerlas baratas.

Luego, contrario a sus competidores, entregaban las “fixies” directamente al cliente y tiendas, sin depender de distribuidores.

Basaron la empresa en la zona de Los Ángeles, donde vivía Zach Schau y donde habían crecido los otros tres y él.

Desde el principio, hubo una demanda fuerte por las bicis, que se vendieron en $300. El primer lote de 165 salió en dos semanas, justo después de las vacaciones invernales en la universidad.

“Ganamos miles de dólares”, dice Schau, de 27 años. “Y recibíamos llamadas pidiendo más. Había mucha promesa, mucha demanda”.

Sin embargo, al haber descuidado el planeamiento del capital, los fundadores batallaron repetidamente para juntar suficiente dinero para reponer y expandir el inventario en su primer año de negocio.

Es un tropiezo común entre los nuevos emprendedores, según H. Irving Grousbeck, catedrático consultor de administración en la Escuela de Graduados en Administración de Stanford.

“No planean con anticipación contemplando las necesidades de capital del negocio y, en consecuencia, se apresuran a compensar el terreno perdido”, dice Grousbeck.

Aunque los fundadores casi piden dinero prestado, también buscaron garantías crediticias y asesoría con sus padres, algunos de los cuales son empresarios.

Otro reto fue la falta de experiencia administrativa y una ineficaz división de responsabilidades.

Cada uno de los cuatro hacía una cuarta parte de cada tarea, desde el envío de pedidos hasta escoger el color de las llantas o armar el presupuesto para anuncios.

“Cada pequeña decisión era la gran decisión de todos”, cuenta Zach Schau. “Fue difícil”.

No obstante, en su primer año, Pure Fix Cycles consiguió ventas de cerca de $1 millón.

El negocio era lo suficientemente fuerte para llamar la atención de un grupito de inversionistas, quienes aportaron $300.000 dólares a la empresa emergente en el 2011.

Poco después, evolucionaron con rapidez, en gran parte porque los fundadores contrataron a uno de sus inversionistas, Andy Abowitz, quien fuera vicepresidente de desarrollo de negocios internacionales en Priceline, para ser el presidente de la compañía.

Bajo la nueva guía, pudieron forjar sus propias especialidades con base en sus virtudes individuales.

“En Silicon Valley, se llama supervisión de los adultos”, dice Grousbeck sobre este tipo de contrataciones. Abowitz tiene 46 años.

“Es una frase bastante cínica que se refiere a meter algo de experiencia administrativa”, agrega.

Pioneros. Los fundadores dicen que el auge financiero y el haber sumado habilidades gerenciales los dejó experimentar con ideas como la bici que brilla en la oscuridad.

Ya antes habían visto versiones individuales y únicas de tal bicicleta, pero la pintura que les pusieron era “supercara”, dice Zach Schau. Estimó que solo la pintura costaría casi $1.000 por cada unidad.

Como alternativa, su hermano trató de mezclar abalorios de vidrio reflector con pintura en aerosol. El resultado fue “una cosa rugosa y repugnante”, comenta Jordan.

Este experimento ejemplifica uno de los beneficios del emprendimiento joven. “La inocencia es felicidad”, dice Grousbeck. “No saben lo que no saben; así es que no hay mucho miedo”.

La compañía también buscó alternativas incandescentes en otros países. y sus fundadores pidieron en repetidas ocasiones a sus fabricantes asiáticos que hicieran una pintura fosforescente más barata.

En el 2012, uno produjo un acabado activado por el sol que podía conservar el brillo tres horas.

Ansiosos por llegar al mercado, los fundadores de Pure Fix Cycles lanzaron su energía a mejorar la calidad de la pintura. Tres meses después, introdujeron sus bicis Glow y las 400 iniciales se agotaron en dos semanas, con un precio de $399 cada una. El marco y las ruedas – o solo el marco o solo las ruedas– brillan en la oscuridad.

Un negocio que tiene un producto similar es Mission Bicycle Co., con sede en San Francisco; sus bicis Lumen tienen una capa de pintura reflectante, como la que se usa en los letreros de las calles.

Mission Bicycle, que hace cada bici bajo pedido, logra el acabado con una compañía de pinturas especializada en proyectos de ingeniería civil. El precio de una bicicleta Lumen empieza en $999.

Los fundadores de Pure Fix Cycles aseguran que ser pioneros en bicicletas que brillan en la oscuridad les dio un empujón financiero e incrementó el reconocimiento de su marca, ayudándolos a seguir desarrollando otros productos.