Callar cuando el cuerpo duele, puede convertir a cualquier persona en alguien sin la capacidad funcional para vivir su día con bienestar

 12 abril, 2014

Mis amigas y yo a menudo bromeamos diciendo que si nada duele, debes estar muerto. Ya en serio, el dolor no es una parte normal del envejecimiento, notan expertos, y no debería pasarse por alto. Sin embargo, algunos estudios han arrojado que los pacientes de edad avanzada tienen menos probabilidades que adultos más jóvenes de informarles a sus médicos sobre su dolor. Más bien, muchos sufren en silencio, a un precio considerable para su calidad de vida.

“La buena noticia es que la gente mayor maneja mejor el dolor, pero la mala noticia es que lo manejan reduciendo la función y aceptándolo como una consecuencia del envejecimiento”, escribió Bruce A. Ferrell, geriatra en la Universidad de California en Los Ángeles, y sus coautores, en Primary Issues , sitio web para médicos de atención primaria.

“Para mala fortuna, esto pudiera conducir a un ciclo vicioso de menguante estatus funcional, empeorando la salud general, dando como resultado sufrimiento innecesario”, agregaron.

El dolor no atendido –o no atendido en la medida necesaria– causa discapacidad y puede apresurar la muerte de un adulto mayor, ya que interfiere con la capacidad de este para ejercitarse, comer bien o mantener contactos sociales.

El dolor persistente puede llevar a la inmovilidad, depresión, problemas de sueño, pérdida de apetito y aislamiento, todo lo cual pudiera incrementar la necesidad de costoso cuidado médico.

Casi el 60% de las personas de edad avanzada que vive en casa, experimenta considerable dolor, al igual que hasta el 80% de quienes están en hogares de descanso. Las causas van desde articulaciones artríticas hasta males crónicos.

Hay una creencia errónea en el sentido de que el dolor es inevitable. Esa es tan solo una de muchas barreras para una atención apropiada para los ancianos.

Otras incluyen la renuencia a molestar al médico o a ser vistos como quejumbrosos, inquietud sobre la necesidad de pruebas adicionales, aunado al temor de que el tratamiento requiera cirugía o medicamento que pudiera conducir a una adicción.

Los pacientes de edad avanzada que presentan demencia pudieran ser incapaces de informar o describir con precisión su dolor. En estos casos, no encontrar alivio puede dar como resultado agresión y otras conductas indeseables.

Una vez que el dolor es reconocido en una persona de edad mayor, el siguiente desafío está en atenderlo de manera apropiada.

Los cambios en la composición del cuerpo humano, función de órganos y metabolismo afectan cómo responde una persona de edad avanzada a la medicación.

Hay que tener mucho cuidado con el consumo de analgésicos. Aquellos muy potentes pueden acumularse en la sangre de una persona anciana, causando confusión y síntomas similares a la demencia.

Pudiera resultar difícil tomar fármacos por vía oral si el flujo de saliva ha bajado, si la persona tiene problemas para tragarlos, o si un descenso en el ácido estomacal impide la absorción.

Se debe elegir un fármaco apropiado en vista de sus posibles efectos secundarios, interacciones con otros medicamentos y sus efectos sobre los demás problemas de salud de quien sufre dolor.

Consejos. Los expertos dicen que los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (conocidos popularmente en Estados Unidos como NSAID) deben usarse con cautela entre ancianos porque en ellos hay riesgo mayor de alteración gastrointestinal, sangrado y daño a los riñones.

Con demasiada frecuencia, los pacientes de edad avanzada sabotean tratamientos efectivos esperando demasiado para tomar un fármaco de prescripción o deteniendo la medicación de manera abrupta cuando se sienten mejor.

Lo mejor es tomar la medicación contra el dolor siguiendo un horario consistente, en particular si es crónico.

Si bien los fármacos a menudo son esenciales, existen otras formas efectivas de tratamiento.

Con frecuencia son de utilidad la terapia física, masajes, entrenamiento de fuerza, ejercicios de relajamiento, yoga, acupuntura, aeróbicos acuáticos, alternar aplicaciones de calor y frío, meditación, auto hipnosis e incluso escuchar música y jugar con una mascota o compartir con niños.

El dolor artrítico es la queja más común entre los ancianos que viven en casa.

La respuesta típica es la inactividad, que el informe del equipo de enfermeros describió como una respuesta desaconsejada porque las consecuencias de no hacer nada pueden ocasionar problemas adicionales.

Además de buscar un control de dolor apropiado, escribieron los autores, la gente de edad avanzada debería tratar de mantener actividades de la vida diaria en medio de la incomodidad para evitar mayores problemas asociados con la inmovilidad.