Uso principal es por entretenimiento, pero también para aprender y estudiar

Por: Monserrath Vargas L. 12 febrero, 2015
En la actualidad, cada vez es más común que jóvenes como Farid Silman, de 12 años, utilicen, frecuentemente, aparatos como teléfonos inteligentes y tabletas. | GABRIELA TÉLLEZ
En la actualidad, cada vez es más común que jóvenes como Farid Silman, de 12 años, utilicen, frecuentemente, aparatos como teléfonos inteligentes y tabletas. | GABRIELA TÉLLEZ

El celular y las tabletas inteligentes no solo sirven para jugar o comunicarse. Un estudio dado a conocer ayer en el marco del Día Internacional de la Internet Segura, encontró que estos aparatos se perfilan como aliados de los escolares de la Gran Área Metropolitana (GAM) a la hora de hacer sus tareas escolares.

El análisis, realizado por la Fundación Paniamor y el Instituto de Investigaciones Psicológicas de la Universidad de Costa Rica (IIP-UCR), fue exploratorio y se aplicó a una muestra de 463 personas: 115 docentes, 69 padres y 279 escolares de entre 10 y 13 años, distribuidos en los cantones centrales de San José, Cartago, Heredia y Alajuela.

El investigador Rolando Pérez aseguró que tanto los niños consultados para el trabajo, como sus padres, coinciden en que el uso principal que les dan a estos dispositivos es el entretenimiento. No obstante, destaca que cada vez son más los menores que también utilizan el celular para sus asignaciones.

Curiosamente, los educadores no lo perciben así. Al menos los que fueron entrevistados “consideran que el uso escolar para aprendizaje o dirigido a buscar tareas es menos frecuente”, comentó Pérez.

Ante la pregunta sobre la utilización de la Internet en teléfonos y tabletas que hacen sus alumnos, los docentes creen que es principalmente para visitar sitios no apropiados para ellos: redes sociales y páginas donde se observa violencia o pornografía.

Sin embargo, uno de los principales hallazgos del trabajo contradice esa idea, ya que los resultados muestran que, cuanto más se incorpore el uso de celulares, tabletas o tecnología en el aula, mayor es el uso educativo que les darán los menores a esas herramientas después de clases.

La experiencia de la profesora de Inglés Nubia Montoya es un buen ejemplo. Ella les permite a sus estudiantes descargar el traductor de Google y además usan la aplicación gratuita para aprender idiomas Duolingo. “Ellos practican más inglés y, eventualmente, se interesan en ver otros idiomas”, destacó.

El beneficio de incorporar teléfonos inteligentes o tabletas al aula está hoy limitado. En el 56% de los centros educativos consultados para la investigación, prohíben usar esos aparatos.

Según Jacqueline García, directora del Instituto de Investigación en Educación de la UCR, “el uso restrictivo institucional de esas tecnologías va a dificultar que los docentes las veamos como aliadas en el proceso de formación para nuestros estudiantes. Eso hay que cambiarlo”.

Supervisión. El trabajo de Paniamor y el IIP-UCR, financiado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt), también enfatizó en el rol que deben tener los padres en el uso de celulares y tabletas, ya que cuando son más permisivos y no dan el acompañamiento debido, mayor es la probabilidad de que los niños tengan conductas de riesgo, como el cibermatonismo.

Por esa razón, madres como Carol Cordero brindan ese tipo de orientación a sus hijos.

Ella tiene una hija de 12 años que cursa sexto grado y tiene un celular con Internet. “Tanto mi esposo como yo tenemos acceso a su celular y a las aplicaciones que tiene. Esto, adicional a que siempre conversamos con ella sobre lo que debe y puede ver y hacer en Internet”, expresó Cordero.

Otros padres de familia, como el abogado Ricardo Hernández, prefieren prescindir del aparato.

“Creemos que no lo necesita y no ha manifestado interés en uno”, dijo a La Nación sobre su hijo, de 10 años.