Puede expresarse como dolor, sequedad vaginal y ausencia de deseo o de orgasmos

Por: Irene Rodríguez 29 mayo, 2015

Sí. La disfunción sexual va más allá de la falta de erección del pene o de una eyaculación temprana. En el mundo femenino, las disfunciones también son cosa de todos los días y se presentan de forma muy distinta a las de los hombres.

La falta de deseo, la resequedad vaginal, la imposibilidad de alcanzar un orgasmo y los dolores fuertes antes, durante o después de la penetración, son situaciones muy comunes entre las mujeres.

Algunas de estas disfunciones son esporádicas; otras mujeres conviven con ellas.

“La angustia, el dolor, el miedo y la frustración son enemigos de la sexualidad y nos llevan a disfunciones. Pero en la mujer, es un asunto todavía más complicado”, comentó la sexóloga venezolana Isbelia Segnini, quien dio una charla ayer, en el Congreso Latinoamericano de Ginecología, que se realiza esta semana en el país.

Dicho congreso se celebra en el hotel Real Intercontinental, con la participación de especialistas de más de 20 países.

Las causas pueden ser muchas, y el componente hormonal es fuerte. De acuerdo con el ginecólogo Jorge Vargas, en algunas mujeres, el anticonceptivo que toman puede reducirles el deseo sexual y la lubricación, lo que podría corregirse con solo cambiar la marca de pastillas.

“Hay otros medicamentos que disminuyen la testosterona, hormona del deseo sexual y responsable de las fantasías, pero el recetar la pastilla adecuada puede cambiar esto. Y si la mujer quiere hijos, puede hablarlo con su ginecólogo para buscar un mejor tratamiento”, explicó Vargas.

Diferentes etapas. Segnini describe que cada mujer pasa por diferentes etapas en su vida y que las disfunciones más comunes pueden variar según la edad.

La primera fase se da durante los primeros 10 años luego de la primera menstruación; en esta, las hormonas debilitan mucho. También es el periodo en que la mayoría de mujeres tiene su primer encuentro sexual.

En esta fase, las disfunciones más comunes son el vaginismo (contracción involuntaria en inconsciente de los músculos que rodean la vagina) y la anorgasmia (ausencia de orgasmos).

“En los primeros años, todavía te estás iniciando. No sabes bien lo que te está pasando. Tienes miedo de algo que no conoces, que te da pena. Quieres disfrutar, pero también quieres complacer a la pareja. Esta mezcla de temor e inexperiencia puede hacer que nos cerremos a la penetración, inconscientemente, o que no experimentemos libremente lo que nos pasa.

”Por eso, como la primera experiencia sexual marca, es fundamental que sea con alguien con quien haya complicidad, compromiso de estar juntos; alguien que te cuide, porque emocionalmente, marca los encuentros siguientes”, añadió Segnini.

La siguiente etapa de la mujer es el periodo reproductivo. Aquí, la búsqueda de hijos cambia la orientación del acto sexual y el deseo carnal puede frustrarse.

“Ya el motivo no es el deseo, sino el mejor momento para quedar embarazada: se cambia la espontaneidad por la fecha de ovulación o por la temperatura. Si no hay deseo y se vuelve obligación, puede haber problemas de lubricación que lleven a dolor”, comentó la especialista.

“Los casos en donde hay fertilidad asistida son más complicados. Algunas toman hormonas que les alteran su ciclo y sus emociones y el objetivo de cada encuentro se centra más en tener hijos y no en el contacto con la pareja. Si se llega a una inseminación, también el componente machista puede alejar al hombre”, añadió.

Cuando el bebé nace, las disfunciones de falta de deseo y de lubricación se acrecientan.

“Biológicamente, ya eres mamá y no hembra: un bebé depende de ti para vivir. Particularmente, si estás dando de mamar, los altos niveles de prolactina (hormona que estimula el desarrollo mamario y producción de leche) y la baja en la testosterona reducen el deseo sexual y la lubricación. Y eso no pasa en el hombre: su deseo sexual sigue intacto y si no se maneja bien, puede traer problemas”, dijo Segnini.

Esta etapa puede durar hasta siete u ocho años, dependiendo de los hijos que tenga la pareja. Después de esto, viene la que podría ser la mejor época de la vida sexual de la mujer.

“La mujer ya se conoce, ya sabe lo que quiere y es posible que lleve varios años con su compañero. Ya no tiene niños pequeños a quienes cuidar y puede dedicarse a ser más mujer”, explicó.

Finalmente, con la menopausia llega otra fase: la mujer ya no tiene hormonas y la lubricación se vuelve escasa, lo que puede hacer que haya más dolor.

“En esta etapa, es importante que la mujer consulte con un ginecólogo si tiene problemas físicos. Sus problemas de dolor pueden solucionarse fácilmente con cremas medicadas o tratamientos”, dijo el ginecólogo Vargas.

De pareja. Ambos entrevistados coinciden en que el problema no es de la mujer sola, sino que la pareja debería hablarlo para darle un abordaje conjunto, tanto física como emocionalmente.

Acompañar a la mujer al ginecólogo o buscar los dos terapia psicológica o sexual puede ayudar en muchos casos.

Segnini apunta que hay un tipo de mujer con una situación especial: las que fueron violadas o sufrieron abuso sexual, sin importar su edad.

“Ellas pueden presentar todas las disfunciones. En estos casos, es vital la intervención emocional para que sane el estrés postraumático. No es sencillo y lleva tiempo, pero es necesario hacerlo para que vuelvan a disfrutar de su sexualidad”, concluyó.