12 enero
Paulo Sergio espera a que se le practiquen exámenes médicos a su hijo de seis meses Arthur Meneses, en el State Brain Institute (IEC), en Río de Janeiro.
Paulo Sergio espera a que se le practiquen exámenes médicos a su hijo de seis meses Arthur Meneses, en el State Brain Institute (IEC), en Río de Janeiro.

Río de Janeiro

Un año después de la explosión del zika en Brasil y con buena parte de la población protegida por sus anticuerpos, los fuertes calores de verano en el gigante suramericano amenazan con disparar otra enfermedad transmitida por el mosquito Aedes aegypti: la chikunguña.

La Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) alertó recientemente a los servicios sanitarios de Rio de Janeiro del riesgo que esa infección pueda afectar a entre 30% y 50% de su población, de 6 millones de habitantes.

En 2016, 14.000 casos fueron registrados y 10 personas murieron sólo en esa turística ciudad tropical.

La chikunguña, una enfermedad de presencia reciente en América Latina, tiene síntomas parecidos al zika y al dengue con fuertes fiebres y dolores en las articulaciones, pudiendo ser grave para personas mayores.

Mientras Brasil se repone aún de la epidemia del zika y afronta los retos del brote de bebés con microcefalia vinculada a ese virus, el director de Fiocruz en Mato Grosso do Sur, Rivaldo Venâncio, asegura que "la chikunguña es, sin duda, la mayor amenaza del verano para Brasil".

En una entrevista con la AFP, este experto en infecciones advierte que la red sanitaria del país no está "capacitada" para hacer frente a una gran epidemia de ese tipo.

¿Cómo llegaron a esta estimación inquietante para Rio?

– Son estimaciones basadas en epidemias observadas en otras regiones, como en isla Reunión, donde cerca del 40% de la población fue atendida en 2005 y 2006. En realidad, el peor escenario sería de entre 300.000 y 500.000 casos en la ciudad de Río, lo que ya sería enorme teniendo en cuenta que se trata de una enfermedad que requiere que muchos pacientes vayan casi a diario a centros de salud.

¿Por qué creció el riesgo este año?

– Porque esta enfermedad, que llegó a Brasil por el norte y nordeste, se está extendiendo por el sureste, que es más populoso, y sus habitantes no tienen anticuerpos contra el virus. A diferencia del dengue, que circula en todos los estados del país desde hace más de treinta años, la chikunguña sólo está aquí desde 2014. Por eso, estimamos que la explosión de esa epidemia en varias localidades de Brasil es altamente posible.

Brenda Pereira espera mientras Maria Fernanda, su hija de cuatro meses, es examinada en el State Brain Institute, en Río de Janeiro. La madre resultó infectada con el virus del zika durante su embarazo y su bebé nació con microcefalia.
Brenda Pereira espera mientras Maria Fernanda, su hija de cuatro meses, es examinada en el State Brain Institute, en Río de Janeiro. La madre resultó infectada con el virus del zika durante su embarazo y su bebé nació con microcefalia.

¿Por qué no se espera que el zika regrese con fuerza?

– El zika tuvo una expansión gigantesca, sorprendente y extremadamente rápida en todo el país, pero eso significa que un gran porcentaje de la población posee anticuerpos contra esa enfermedad, lo que no ocurre con la chikunguña. La cantidad de personas potencialmente vulnerables es infinitamente superior.

¿Una eventual epidemia de chikunguña puede ser peor que la del zika?

– Las consecuencias de esas dos enfermedades son extremadamente graves, pero las del chinkunguña son relativamente previsibles gracias a las observaciones de otros países. Las consecuencias reales del zika aún no se conocen totalmente. Hemos visto cómo algunos bebés que nacieron con un cerebro aparentemente normal empezaron a desarrollar malformaciones congénitas cuatro, cinco o hasta seis meses después de nacer.

¿Cuál es el mayor peligro del chikunguña?

– La enfermedad tiende a ser más grave si la persona sufre otras enfermedades como diabetes, hipertensión o artritis. También podemos observar que, cuanto más graves son los síntomas en los primeros días del brote, mayor es el riesgo de que esa enfermedad se vuelva crónica y dure cuatro, cinco o seis meses, o un año. La tasa de pacientes crónicos tiende a ser mayor a medida que aumenta la edad del paciente.