Por: Michelle Soto 4 julio, 2015
El niño Mauricio Madrigal sembró árboles en el parque de la Paz. El contacto con la naturaleza beneficia el cerebro infantil. | ARCHIVO
El niño Mauricio Madrigal sembró árboles en el parque de la Paz. El contacto con la naturaleza beneficia el cerebro infantil. | ARCHIVO

Los niños que están más expuestos a la naturaleza, dentro y fuera de la escuela, muestran un mejor desarrollo cognitivo.

Así lo destacó un estudio realizado por investigadores españoles y publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Ese desarrollo cognitivo se manifiesta en una mejor atención y memoria de trabajo. Esta última es un tipo de memoria de corto plazo que permite asimilar estímulos del momento y relacionarlos con experiencias pasadas. Tal memoria es la responsable de tareas cotidianas como mantener una conversación o resolver un problema.

Para concluir lo anterior, los expertos del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental, en Barcelona, monitorearon los cambios en las pruebas cognitivas aplicadas a 2.600 niños de entre 7 y 10 años, alumnos de 39 centros educativos.

De modo paralelo y con ayuda de datos satelitales, los científicos midieron la cantidad de verdor al que los niños estaban expuestos dentro y fuera de la escuela y recopilaron información sobre la concentración de partículas ultrafinas (menores a 0,1 micras) y finas (inferiores a 2,5 micras) alrededor de las escuelas, para así calcular los niveles de carbono negro y los óxidos de nitrógeno.

“Los niveles de carbono negro, de óxidos de nitrógeno y partículas ultrafinas muestran una relación directa con la cantidad de tráfico alrededor de las escuelas. Si hay zonas verdes, se reduce la densidad de vehículos y la contaminación”, comentó Xavier Querol, uno de los autores del estudio.

Al asociar datos, los investigadores concluyeron que cuanto mayor es la zona verde dentro o fuera de la escuela, mejor será el desarrollo cerebral del niño en edad escolar.

Eso sí, dicho desarrollo cognitivo podría estar más relacionado con el grado de contaminación al que está expuesto el infante.

“Una parte de la influencia observada de espacios verdes en el desarrollo cognitivo podría estar mediada por la capacidad de estos para reducir la contaminación del aire lo que, a su vez, se ha vinculado negativamente con el desarrollo cognitivo”, dijo Payam Dadvand, director del estudio.

“La moraleja es que el verde ayuda: porque resta espacio al cemento y aumenta los espacios de juego, pero también porque estar cerca del tráfico es como vivir cerca de una chimenea”, dijo Querol.

La investigación contó con la participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).